Según Pérez, fueron 11 los policías de la Comisaría 41ª que llegaron a la esquina de Remigio Bosch y Tupungato para intervenir en la pelea familiar. "Bajaron de los móviles y nos comenzaron a pegar piñas y patadas y con los palos, hasta tiraron balas de goma", dijo.
11 son los policías de la Comisaría 41ª denunciados por los Pérez ante la fiscalía por apremios.
Siempre de acuerdo con lo denunciado, el hermano mayor, de 27 años, se encontraba en la vereda discutiendo con su cuñado. Cerca de la 1 de la mañana llegaron dos móviles policiales y, sin mediar palabra, los efectivos bajaron exhibiendo sus armas y comenzaron a golpearlos.
Ante la intervención de la Policía, el cuñado se fue del lugar y los hermanos menores, que salieron de la vivienda para ver qué sucedía, sufrieron el accionar policial.
Pérez aseguró a LM Neuquén que, por ser de Mendoza, los policías lo discriminaron y le dijeron "que se vuelva a su país", creyendo que era chileno.
La situación se tranquilizó cuando llegaron otros dos patrulleros y los oficiales ordenaron una ronda de reconocimiento entre los policías para señalar al que había comenzado la golpiza.
Al lugar también llegó una ambulancia del SIEN, aunque el joven afirmó que se negaron a asistirlos. "¿Qué clase de policías estamos teniendo? Se supone que tienen que estar al servicio del pueblo, no matar al pueblo", se quejó.
"Atacaron al personal y hubo que disuadir"
La versión que brindó la Policía es bastante diferente a la que relataron los miembros de la familia Pérez. El comisario Gustavo Arcidiago aseguró que "fue un enfrentamiento entre dos bandos que se unieron cuando llegó el primer móvil". El coordinador de Delitos explicó que "un vecino llamó al teléfono de la cuadrícula" y que cuando comenzaron a pegarles a los policías, pidieron refuerzos. "Eran unas 15 personas que continuaron atacando a los empleados" y por eso tuvieron que utilizar las escopetas con balas de goma "para disuadirlos". Hubo dos policías heridos en el procedimiento.