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POR PABLO MONTANARO / montanarop@lmneuquen.com.ar
“El trabajo dentro del aula como fuera del aula no sólo es de aprendizaje sino también de contención”, explica Graciela Stoll, directora de la Escuela para Adultos (EPA) 9 de Valentina Sur. La afirmación de esta mujer, que hace siete años dirige este establecimiento que funciona en la Escuela Primaria 245, refleja el espíritu de compromiso y vocación que posee este grupo de docentes para con sus alumnos.
Los 110 alumnos -que van desde los 14 hasta más de 70 años- que conformaron este año la matrícula está compuesta por “adultos mayores que no tuvieron la posibilidad de ir a la escuela y están en la etapa de alfabetización; adolescentes y jóvenes que por diversos motivos no terminaron la escuela primaria o la abandonaron y otros que pasaron por escuelas especiales y laborales”, explica Stoll.
En su mayoría, los alumnos tienen alguna discapacidad (madurativo, visual, auditivo, entre otros). “Muchos de ellos son abuelos que viven solos o con algún hijo que sale temprano a trabajar y regresa tarde”, explican.
El objetivo va más allá de aprender los contenidos “lo que hacemos es un trabajo social porque en realidad nos abocamos al alumno como persona en toda su integridad. Nos ocupamos de saber si el alumno tiene algún problema de salud o tratamos de ayudarlo a resolver algún problema”, comenta Claudia Vargas, docente de primer ciclo.
El plantel está compuesto por seis docentes de primaria y cuatro de formación profesional en Informática, Gastronomía, Indumentaría y Peluquería, curso que posee la mayor matrícula.
En los últimos años, fueron varios los casos de alumnos víctimas de violencia que fueron detectados por los docentes. “Si un alumno no viene a clase nos preocupamos y entonces salimos a buscarlo. Vamos a su casa para saber por qué faltó a clase, qué fue lo que le pasó”, explica Anahí Montoya.
“La escuela es un espacio para aprender los contenidos escolares pero también de contención, de intercambio y de integración. Son los pilares que sostienen nuestro proyecto. Si el alumno deja de venir nos preocupamos, preguntamos si están enfermos, hospitalizados. Vamos puerta a puerta”, aclara Stoll.
En estos casos, la escuela recurre a instituciones, a los que llaman “espacios amigables”, como la Comisaría 44 que tiene un área de violencia familiar o al Centro de Salud de Valentina Sur.
Los docentes consideran que al alumno hay que ayudarlo a brindarle las herramientas para que “primero conozca sus derechos y después tengan las herramientas para poder defenderse”.
Sobre esta vinculación entre escuela y comisaría, una de las docentes contó el caso de un alumno con discapacidad que tenía problemas en su casa. “El alumno le contó la situación a una de las docentes, quien se comunicó con la comisaría y una de las policías del área de violencia se acercó a la escuela a tomarle la denuncia al alumno. De inmediato se habló con su madre. Ese chico se sintió escuchado, valorado y tomó conocimiento del lugar donde puede pedir ayuda”. “Saber pedir ayuda es muy importante porque es la herramienta que le estamos brindando a esta población vulnerable”, expresa Stoll.