{# #} {# #}
Por Sofía Sandoval - ssandoval@lmneuquen.com.ar
Rocío y Juliana comparten muchos puntos de conexión. Además de tener un gran sentido de la responsabilidad y una vocación muy similar por la docencia, la música y la ayuda al prójimo, las dos fueron reconocidas por la Municipalidad de Neuquén con una beca de 70.700 pesos (a pagar en diez cuotas mensuales) por haber obtenido los mejores promedios del año pasado, que superaron los 9,90 puntos.
Aunque ambas tuvieron notas casi perfectas, sus rutinas diarias del secundario no se reducían a largas jornadas de estudio. Por el contrario, las dos tenían días intensos, cargados de actividades, que incluían su participación en iglesias protestantes –una adventista de Santa Genoveva y otra evangélica de Plottier- y el exigente cursado en la Escuela de Música de Neuquén.
Después del colegio, Juliana Busina estudiaba piano, practicaba natación y recibía a sus compañeros para ayudarlos con los trabajos prácticos gracias a su facilidad para prestar atención en clases. En lugar de salir a bailar, los fines de semana elegía viajar a Plottier para realizar actividades con su iglesia, especialmente en contacto con los más chicos del grupo.
Aunque ambas tuvieron notas casi perfectas, sus rutinas en el secundario no se reducían a largas jornadas de estudio.
Rocío Olivera, por su parte, no renunciaba a nada por tener un promedio de 9,98. Prefería destinar sus horas libres al profesorado de Música en la misma institución, un profesorado de Dibujo y Pintura, y el Club de Conquistadores, que es una agrupación similar a los boy scouts pero para la Iglesia adventista.
“No puedo calcular cuántas horas le dedicaba a la escuela porque iba estudiando mientras iba de Educación Física a la Escuela de Música o en otros trayectos así”, explica Rocío a LM Neuquén. Para ella, su memoria visual y su dedicación a hacer resúmenes con colores y dibujos fueron el principal secreto para mantener las notas altas.
“La motivación siempre aparece cuando los jóvenes estudian lo que les gusta; a veces pasa que terminan estudiando lo que les impone la sociedad o carreras donde van a ganar más dinero, y les va mal”, dijo Rocío Olivera, Premio mejor estudiante
Aunque sus altos promedios indican que se sacaron 10 en casi todas las materias durante cinco años, ambas aclaran que no estaban obsesionadas por el puntaje. “No me angustiaba si me sacaba una mala nota, pero los profesores me conocían y me empujaban a dar siempre lo mejor”, dice Juliana. Rocío coincide: “Lo importante es dar lo mejor de uno; la nota no es tan importante”.
Para las dos, el apoyo de sus familias cumplió un rol clave en sus buenos desempeños académicos. Sus padres no eran demasiado insistentes con los resultados, pero sí les pedían que cumplieran con las tareas y que fueran responsables en sus actividades.
“Sentí una brecha muy grande entre la secundaria y la universidad: no tenía buena preparación en matemática y sentí que uno deja de estar tan contenido y tiene que ser más independiente”, dijo Juliana Busina, Premio mejor estudiante
Rocío es hija de un vendedor y una maestra jardinera, que le inculcó a ella el amor por la docencia. Su hermana, también una alumna destacada, estudia Medicina en la provincia de Entre Ríos y ella decidió seguirla para cursar dos carreras simultáneas en la Universidad Adventista del Plata: Profesorado de Música y Profesorado de Nivel Inicial.
Juliana, por su parte, cultivó su amor por la docencia gracias a su papá, que es profesor de música, y su gusto por ayudar al prójimo por su mamá enfermera. “Me gustaba mucho la materia química en el secundario y empecé el profesorado de Química, pero decidí cambiarme al profesorado de primaria con la idea de hacer después Ciencias de la Educación”, se entusiasma.
La tragedia en Siete Lagos sumó su segunda víctima: murió el chofer de la camioneta del EPEN
Desde las 20 cortan de nuevo la ruta de Siete Lagos por prevención