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Después de dos años, el debate general en el seno de la ONU, que comenzará el martes, será otra vez presencial, tras la irrupción de la pandemia. Y la presencia en vivo y en directo de los líderes mundiales será aprovechada por el secretario general de la organización, António Guterres, para hacerles un reproche que no registra muchos antecedentes en la historia de la entidad.
Guterres anticipó que hablará de “traición” de los países centrales por no haber hecho lugar a sus promesas de reducir los alarmantes niveles de emisión en el marco de una dramática crisis climática. En criollo, los líderes a los que alude borraron con el codo lo escrito con la mano.
La reprimenda diplomática (“escrache” en el lenguaje vulgar argentino) estará dirigida a los países miembros del G20, del que Argentina forma parte.
La crisis climática está teniendo efectos devastadores en el planeta. Y tal vez la evidencia más cercana de la magnitud del problema se puede palpar aquí mismo, en Neuquén, que está en vísperas de entrar en su decimotercer verano consecutivo de sequía, con embalses exangües y, encima, con un creciente incremento de la demanda eléctrica pese al ajuste tarifario dispuesto por el gobierno nacional.
La demanda de combustibles como los que se producen a partir de los hidrocarburos de Vaca Muerta tiene un horizonte al alza. La invasión de Rusia a Ucrania ha hecho frotar las manos a las operadoras del sector en esta parte del mundo.
Sin embargo, las buenas noticias que auguran previsiones millonarias en ingresos de recursos no siempre se condicen con el impacto inexorable en la salud del planeta.