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Mario Cippitelli
cippitellim@lmneuquen.com.ar
Neuquén.- La preocupación está centrada en un solo lugar. En aquel pozón de la izquierda que esconde un profundo y potente remolino. Los guardavidas que trabajan en el balneario Río Grande lo conocen y por eso no le quitan la vista ni un segundo.
Los tres están mirando permanentemente en todas las direcciones porque el Limay está repleto de bañistas de todas las edades: nenes que recién aprenden a caminar y están acompañados por sus padres en la orilla, algunos un poco más grandes que chapotean un poco más con alguna pelota, adolescentes intrépidos que se lanzan a nadar como si conocieran el río de toda la vida y adultos que se meten hasta la cintura, se mojan la cara con las manos y contemplan la inmensidad del agua que pasa mansa y silenciosa con destino final al mar.
Franco, Juan José y Nicolás son los bañeros del turno tarde que se encuentran en un puesto elevado y cubierto con un toldo que los protege del sol. Alguno con más experiencia que otro, los tres saben que no pueden estar 6 horas expuestos porque sería peligroso. Por eso cuentan con una remera de mangas largas, protector en la cara y un sombrero de ala bien ancha que les garantiza la sobra hasta el cuello, un lugar del cuerpo siempre expuesto de máximo riesgo a la hora de las quemaduras.
Los tres contestan las preguntas del periodista, pero casi sin mirarlo. Están permanentemente monitoreando la extensión del balneario a la espera de un grito, un llamado o cualquier señal que refleje peligro.
Juan José, alias “JJ”, el jefe del grupo y quien tiene más experiencia trabajando como guardavidas (10 años), reconoce que apenas iniciada la temporada ya tuvieron varios rescates, aunque no todos iguales. “Están los que te llaman porque no pueden volver y vamos hasta que el agua nos llega a la cintura y no hace falta más que darles la mano para traerlos, hasta los más complicados”, asegura. Esos “complicados” suelen darse en inmediaciones de la escollera que marca el límite del Río Grande donde están el pozón y el enorme remolino escondidos entre las piedras. Juan José asegura que tiene tanta fuerza que es como si alguien lo agarrara a uno por los tobillos y lo hundiera sin ninguna resistencia. “En ese lugar siempre tenemos algún rescate”, reconoce Nicolás, que ya lleva 5 años trabajando como guardavidas. Y asegura que por más que les dicen a los bañistas que es peligroso y que no es recomendable, muchos van igual, directamente al pozón donde los espera el remolino.
Franco tiene 3 años trabajando allí y es el más parco de los tres. No obstante, coincide con sus compañeros en que nunca se puede estar tranquilo por más que en buena parte del río no haya lugares tan peligrosos como para cobrarse una vida. Por eso, durante la charla mantiene la vista puesta en el agua, como un centinela en alerta.
Los tres guardavidas reconocen que no siempre los problemas están en el agua. La gran concentración de gente que hay en el balneario hace que muchas veces se generen peleas, accidentes o discusiones en las que ellos tienen que mediar. Dicen que interceden cuando pueden, pero que para eso está la Policía.
También cuentan con un puesto sanitario de la Cruz Roja que atiende cualquier tipo de accidente. Los más comunes son las cortaduras por vidrios o tapitas de cerveza, estas últimas muy peligrosas cuando quedan escondidas entre las piedras. “Tienen un filo como el de una Gillette”, explican.
Los tres aseguran que aman el trabajo que eligieron y que no lo dejarían por otro. El contacto con la naturaleza, la vocación de servicio y la belleza del río son motivos suficientes para ganarse la vida custodiando que nadie tenga un accidente y que todos disfruten del agua de la mejor manera posible.
“En general, la gente nos hace caso. Se acercan y nos pregunta cuáles son los lugares peligrosos. Para nosotros es una tranquilidad que lo hagan”, afirmó Juan José, Jefe de los guardavidas en el balneario Río Grande
6 horas duran los turnos
Es el período que trabajan los guardavidas en los balnearios de la ciudad de Neuquén. Los jefes de cada puesto tienen que hacerlo 9 horas diarias.