Ubicado frente a Broxstar, advierten que pueden padecer perjuicios económicos, y que reclamarán al municipio.
“No tengo problemas con el boliche. Han hecho una gran inversión y brinda fuentes de trabajo. Tienen todo el derecho a abrir. Pero de la misma forma nosotros tenemos el derecho a seguir funcionando sin ningún tipo de perjuicios”, resaltó Sebastián Ludman, propietario del tradicional hotel ubicado en España 185, pleno centro de Cipolletti.
Sucede que frente al establecimiento, que lleva medio siglo de trayectoria, se encuentra Broxstar, el boliche que abrió a modo de presentación el viernes pasado y que generó el descontento de vecinos por el alto volumen de la música.
Ludman, como otros residentes de la misma cuadra, habían anticipado su reticencia a la apertura del local bailable, debido a que temían la posibilidad de padecer ruidos molestos que alteraran la tranquilidad nocturna, cuando la gran mayoría se entrega al descanso.
De hecho ocurrió con la música a todo volumen la noche-madrugada en que estuvo abierto, como ya lo manifestaron quienes viven pegado al local bailable.
Pero en el hotel los temores son más inquietantes porque corrían el riesgo de incomodar a los pasajeros que allí se alojan, y convertirse en un daño económico. Precisamente, eso fue lo que sucedió, porque el sonido era tan potente que hubo clientes que se quejaron en la recepción.
“Yo brindo descanso y me están poniendo un parlante enfrente. Hace 50 años que tenemos el hotel y somos la tercera generación familiar. De golpe vemos amenazado nuestro negocio”, advirtió.
El empresario destacó que había advertido que el boliche podría causarles problemas, por eso el mismo viernes horas antes de la inauguración contrató a un profesional para que midiera el nivel de ruido dentro del hotel y en la calle. El resultado arrojó 8 decibelios.
Precisamente, la Ordenanza de Comercio (462/22), establece que este tipo de emprendimientos la música no puede superar los 8 decibelios, tomado a 50 centímetros de las paredes exteriores "el nivel de sonido habitual".
Sin embargo a la noche cuando empezó la música fuerte llamaron al 147, la línea municipal para presentar reclamos, e inspectores fueron a medir a la casa de Carlos Franco, que está pegado al boliche.
La medición dio 43.2, a pesar que aseguran que era muy mayor, ya que bajaron el volumen cuando vieron al personal municipal.
Para estos casos la norma prevé realizar controles "en forma habitual y sorpresiva".
Ludman sostuvo que el municipio debería actuar con mayor firmeza en su rol de contralor, ya que le otorgó la habilitación al boliche.
Por ejemplo, verificar que posea la estructura edilicia acorde para la hermeticidad, que evite la contaminación sonora al exterior.
Luego se debería realizar la medición real, por lo que deberían efectuarlo de manera sorpresiva para no manipular la intensidad durante el operativo. Coincidió con Franco que “falta la decisión política” de parte de las autoridades.
Destacó que el informe que mandó a elaborar puede ser una prueba para eventuales reclamos en caso de sufrir perjuicios económicos, como la partida de pasajeros por el alto volumen.