España. Eran las 8 de la mañana del domingo cuando en el Módulo 8 del Centro Penitenciario de Asturias, España, todos los presos salieron de sus celdas menos Gonzalo Montoya Jiménez, un recluso condenado por robo de chatarra. Lo encontraron sentado en una silla inconsciente y sin muestras aparentes de violencia, por lo que fue alertado el servicio médico de la cárcel, que lo declaró muerto ya que no tenía pulso.
Así, se activó el protocolo habitual: se avisó al juzgado de guardia y su titular acordó que se procediera al levantamiento del cadáver y su posterior traslado al Instituto de Medicina Legal de Oviedo para practicar la autopsia, mientras que de forma simultánea se procedía a avisar a la familia para comunicarle su muerte. Pero todo cambió: el cuerpo estaba en la camilla, ya le habían dibujado con un marcador las partes del cuerpo que había que investigar cuando escucharon ruidos. ¡Gonzalo Montoya Jiménez estaba vivo!
Rápidamente, el recluso fue trasladado al Hospital Universitario Central de Asturias en una ambulancia, donde hasta anoche permanecía ingresado y escoltado por la Guardia Civil. Se abrió una investigación para aclarar las circunstancias que rodearon a este caso. Por su parte, su familia explicó que ya había tenido ataques de epilepsia y sospechan que esta enfermedad puede estar relacionada con este insólito suceso.