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Un reclamo de justicia por los 30.000 desaparecidos

A 41 años del golpe militar, 15 mil neuquinos marcharon por las calles.

Sara Aedo

regionales@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- “Yo me pregunto cómo se devuelve tanto amor”, suspiró con voz gastada Lolín Rigoni, Madre de Plaza de Mayo filial Alto Valle y Neuquén. “No bajando los brazos”, respondió mientras intentaba mirar a más de 15 mil personas que ayer acompañaron la histórica marcha en el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, al cumplirse 41 años del inicio de la última dictadura militar.

Bajo la consigna “Reivindicamos la lucha de los 30.000”, las Madres marcaron el paso lento y cargado de memoria, pero sin dejar de hacer una lectura crítica del presente. Fueron acompañadas por organizaciones sociales y políticas, de derechos humanos y centros de estudiantes, entre otros.

“Las Madres nunca hemos querido venganza sino justicia”, resaltó Rigoni, lo que provocó el aplauso de la multitud.

En las primeras líneas del discurso, la otra Madre, Inés Ragni, criticó fuertemente a Hebe de Bonafini, presidenta de esa entidad, y le exigió que “se retire de la organización y no use nunca más el pañuelo blanco”. Ragni enfatizó que “se puede resistir sin entregarse a ningún partido político”.

Junto a las Madres y a Oscar Ragni, integrante de la Corriente Militante por los Derechos Humanosm, estaba la mano del obispo Virginio Bressanelli, sosteniendo la bandera que encabezó la marcha.

En cada una de las quince cuadras se multiplicaban las banderas, las consignas, los cantos.

La agrupación Danza Memoria, abrió la marcha con una intervención artística alzando carteles que formaban la frase “La memoria no se negocia. Somos 30.000”, al sonido de la cuerda de tambores.

Era fácil perderse en la marea de gente que ocupó largamente la avenida Argentina. Pero era fácil también encontrarse en la memoria de los cantos, en los rostros de los detenidos-desaparecidos estampados en carteles, con perfiles de los años 70.

Eran sí los pasos de los militantes de los derechos humanos, los que pelearon por los juicios para condenar a los represores que cometieron delitos de lesa humanidad. Los que conocen cada nombre de cada represor, los que esperan que la justicia condene y la sociedad acompañe. Pero transitaban también aquellos que conocieron las páginas negras de la historia argentina en el relato escolar, los que descubrieron con el tiempo que, no en vano, están marcadas las pisadas en ronda de las Madres de Neuquén.

Ayer una multitud renovó ese incansable pedido de justicia y de denuncia del plan sistemático que desde el Estado intentó desaparecer a toda una generación que había decidido pensar su propio tiempo y construir su propio futuro.

“No nos han vencido”, sostuvieron las Madres al recibir durante todo el recorrido los abrazos de los jóvenes y de los niños que hoy se saben miembros de una democracia merecida, esperada y defendida.

“Me entusiasma que aún nos movilicemos en reclamo de justicia y por la memoria”. Mariana González. Abogada, 45 años

“Duele que no sepamos dónde están los cuerpos de los desaparecidos”. Marcos Seminario.71 años. Hermano de Javier Seminario, desaparecido en 1976

“Vine para repudiar lo que fue el terrorismo de Estado y, además, porque la represión continúa”.Franco. Estudiante, 24 años

“Conté 64 tiros en el cuerpo de Caíto”

“Cuando supimos que el cuerpo estaba en el cementerio de La Plata fuimos con mi familia y le dieron una pala a mi hermano, desenterramos el ataúd de madera, empecé a contar los tiros que tenía; conté 64, no sabía si eran de entrada o de salida”, dijo Silvia Sapag al recordar cuando su familia encontró el cuerpo de su hermano Ricardo “Caíto” en el cementerio de La Plata, en 1977. La revelación de la ex senadora fue expresada ayer durante el acto de colocación de las “baldosas de la memoria” con los nombres de Ricardo y Enrique “Ique” Sapag, frente a la escuela San Martín, donde ambos cursaron sus estudios secundarios.

Los hijos más chicos de quien fuera cinco veces gobernador, Felipe Sapag, militaban en la Juventud Peronista previo al golpe militar. Ricardo fue asesinado en junio de 1977 y Enrique en octubre de ese año en Buenos Aires.

En el acto, su hermano Luis Sapag dijo que “si la democracia hoy es tan fuerte, es por ellos”.

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