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Las Grutas.- El clima navideño se percibe en Las Grutas con los comercios “intervenidos” con los habituales adornos festivos, restaurantes y pubs preparados para recibir al público con menús especiales y una variada propuesta de espectáculos para luego del brindis. Pero hasta el momento no se observa un nivel de reservas destacado que permita estimar que se registrarán altas cifras de ocupación.
Las estadísticas elaboradas por la Secretaría de Turismo del municipio de San Antonio corresponden al sector hotelero, apart hoteles y residenciales, y rondan entre el 20 y 21 por ciento. “Viene tranquilo”, manifestó la titular del área, Nadina Gutiérrez.
De todos modos, aún no tienen datos de los departamentos y casas de alquiler, que representa cerca del 80 por ciento de la oferta total de alojamiento.
Las esperanzas están centradas en que durante el fin de semana las temperaturas rondarán entre los 27 y 33 grados. Aunque el Servicio Meteorológico Nacional anticipa que el sábado por la noche se podrían producir lluvias y tormentas.
Paradores en la mira
Los paradores de la playa, que tradicionalmente se transforman en boliches bailables pasada la medianoche, están siendo objeto de análisis de una comisión de seguimiento de concesiones municipales conformada en el Deliberante.
La principal objeción apunta a que la normativa prohíbe estructuras de madera en locales nocturnos. Estos establecimientos instalados sobre la arena están construidos en madera. Nunca se cumplió lo establecido, siempre funcionaron como disco, lo que ha generado la queja de los propietarios de los boliches de la zona céntrica, a los que se les exige el cumplimiento de las normas.
Los turistas que ignoran el riesgo
A pesar de los carteles que advierten sobre el riesgo de desmoronamiento, muchos veraneantes buscan allí sombra y se instalan al pie del acantilado.
Hace pocos días hubo un derrumbe a unos mil metros de la Segunda Bajada que por fortuna no dejó heridos.
De todos modos, no es el único lugar donde se puede percibir la imagen, sino que se repite en toda la línea de playa. A la imprudencia de la gente se suma que tampoco se controla el cumplimiento de la prohibición.