La Habana fue el sitio menos imaginado para poner fin a miles de años de distanciamiento entre las dos principales iglesias cristianas del mundo.
Tres besos
Francisco y Kirill se dieron un apretón de manos y se saludaron con tres besos en la mejilla ante las cámaras, para escenificar el primer encuentro entre los jerarcas de ambas iglesias desde el Gran Cisma del cristianismo, en el año 1054.
Francisco había llegado minutos antes a La Habana en una parada previa a una visita que continuó por México. Kirill está en la isla desde el jueves como parte de una visita por la región. El presidente cubano, Raúl Castro, acudió al aeropuerto para recibir al Papa.
Ambos jerarcas religiosos se reunieron en una sencilla sala de protocolo de paredes forradas de madera y se sentaron en unos sillones blancos. Detrás de ellos presidía la reunión un crucifijo de madera con una sencilla imagen de Jesucristo.
La histórica reunión busca ser un gesto de distensión entre ambas iglesias.
La Iglesia católica y las iglesias ortodoxas se separaron en el año 1054 en un hecho conocido como el Gran Cisma, la primera gran escisión en el seno del cristianismo.
Desde el cisma existen varias iglesias ortodoxas autónomas. Los ortodoxos representan hoy en día al tercer grupo más grande dentro del cristianismo después de católicos y protestantes.
Arrancó el primer viaje apostólico a tierra mexicana
El repicar de 35 campanas recibieron ayer al papa Francisco en suelo mexicano. Fueron las campanas de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, que dieron la bienvenida al pontífice en su primera gira por el país.
Hoy, Francisco será recibido en el Palacio Nacional, donde se reunirá con el presidente Enrique Peña Nieto en la que será la primera vez que un pontífice es recibido en ese recinto. Las campanas de la catedral volverán a sonar durante su traslado de la Nunciatura hasta la sede de gobierno.
El solemne toque seguirá al Papa cuando recorra las calles de la capital hasta su arribo a la catedral, luego al Zócalo y más tarde en su traslado a la Basílica de Guadalupe, donde oficiará la primera misa de su visita ante unas 35.000 personas dentro y fuera.