Neuquén > Después de una época que marcaría a fuego a los argentinos, que fue de la euforia a una gran mentira para recalar finalmente en una derrota lastimosa, tres años más tarde recién comenzaba a salir del vientre de su madre Isabel. Su primer techo fue su casa del ahora barrio Confluencia Urbano donde comenzó a dar su primeros pasos de vida. Todo era nuevo. Todo estaba por descubrirse ante sus ojos. No existían preocupaciones y sólo estaba ese mundo suyo donde sólo tenían cabida los juguetes y las canciones de cuna. El tiempo, los 2 de abril, fueron pasando para ella. Ni siquiera más tarde, ya siendo una adolescente en el colegio secundario, algo tan profundo como la guerra de Malvinas hizo que se detuviera en esa parte de la historia. “No tengo recuerdo de cuándo leí el tema. Pasó la página”, dirá más tarde.
María Isabel Sánchez actualmente tiene 27 años. Nació en esta ciudad y como profesional se dedica a la fotografía. Justamente, ese trabajo de reportero gráfico que inició en 2005 la llevó a entablar una relación y primer contacto real con los hombres de Malvinas, sin tener la mínima intención de realizar un documento identificatorio, donde la mirada y rostro tradujeran a una persona común con un fuerte pasado.
Así, luego de planteos, mucho tiempo de ir tras ellos, de caerse, levantarse y resucitar la idea, pudo concretar un proyecto que hoy lleva el título de “Malvinas 30 años”. Una obra en la que el retrato es el protagonista absoluto. El que puede generar diferentes estados de ánimos, pensamientos y emociones mezcladas cuando cualquier persona pose sus ojos en una elaboración tan sencilla, modesta y delicada, en la que la mirada, como se acostumbra a decir, puede hablar por sí sola.
En viaje
2009. El paraje Cochico, en el norte neuquino, es el destino de Sánchez, quien en su labor de cubrir la noticia tiene como misión retratar la situación del lugar que fue desbordado por el temporal. Hombres de Defensa Civil y gendarmes son parte de ese viaje sanitario. Dentro de ese grupo de hombres comunes y corrientes, la fotógrafa es “apadrinada” -al ser la única mujer- por un veterano de Malvinas: Oscar Grek. Fue precisamente en ese instante que todo el mundo Malvinas se vino encima de Sánchez, quien se vio intrigada al tener delante suyo una persona que vivió en carne propia una guerra.
“Hasta ese momento a los 'veteranos' los tenía como una masa de gente. Como el grupo “Los veteranos”. Pero en realidad, ese grupo está constituido por personas individuales que tienen su identidad, vivencia e historia, que formó parte de eso (por la guerra). Como hay héroes de nuestra historia que se los reconoce en un libro y se los identifica, me pareció interesante, yo como parte de la sociedad, poder identificar a un veterano que tal vez vive a la vuelta de mi casa y no lo sé”, dijo Sánchez al recordar cómo comenzó a gestarse su libro.
Grek, como otros tantos compañeros que en 1982 partieron con apenas 18 años a combatir en las islas, le llevan una diferencia de unos 40 años a la joven fotógrafa, que comenzó a desayunarse y tomar conocimiento de la magnitud que tiene una guerra. "Él fue una persona que estuvo ahí y logró volver. Y es gente común, que es parte de la historia. Que están entre nosotros y no la identificamos. Ni nos rescatamos”, aseguró.
En el libro compuesto por 57 retratos, María Isabel decidió no meterse con lo sociopolítico al considerar que “no puede ni hablar por la edad que tenía”, ni formar una línea de pensamiento respecto al tema. “Lo que hago a través de mi profesión es hacer un reconocimiento y buscar focalizarme en mi “laburo” de retrato. En este caso, hice un retrato clásico con fondo neutro, luz ambiente natural, porque la idea era unificar algo que que no fuera ambientado, sino que cada uno de ellos fuera con su ropa diaria. Registrar ese rostro y mirada que hace a la identidad de esos tipos que estuvieron en Malvinas”, comentó la Licenciada en Cinematografía y Nuevos Medios que no hizo diferencia en el rango que pudo ocupar cada uno de sus protagonistas cuando comenzó a elaborar la producción.
Cuestión de voluntad
Una particularidad en esa búsqueda y seguimientos que hizo para aglomerar a los ex soldados es que la mayoría no son neuquinos. Hoy son residentes. Hijos adoptivos que echaron raíces en este suelo -como hace mucha gente que viene a probar suerte y se afinca- después del conflicto bélico. “Muchos no son nativos de la provincia. Pero de Neuquén Capital pude rescatar a familiares de dos caídos que me sirvieron como una forma de representación. Es el hoy, treinta años de Malvinas, son los que están y los que no están. En este último caso están reflejados en su familiares que es lo que quedó de ellos vivo”, dijo la fotógrafa que ha participado de diveras muestras como la Muestra Anual de los Reporteros Gráficos de la Patagonia.
Desde el inicio de la producción Sánchez encaró de forma solitaria su libro. Fue paso a paso. Hilvanando contactos y empapándose de crudas anécdotas. Eso hizo que se llegara a un punto muy personal. Fueron meses de ir y estar cara a cara pidiendo datos y explicando algo que para los veteranos quizás no tenía dimensión. “Todos los 2 de cada mes izan la bandera en el monumento a los caídos de Malvinas. Me tomé el trabajo de ir cada vez que eso sucedía para buscar teléfonos y para que supieran de qué se trataba el tema del cual nunca pretendí tener nada a cambio. Siempre tuvieron buena predisposición aunque muchos no dimensionaban de qué se trataba”, detalló Sánchez. Y acotó: “Me pareció que la gente está algo quedada en ese sentido. Quieren que pasen cosas pero les cuesta arrancar. Pienso que si no los hubiese perseguido e insistido tanto, el libro no hubiera salido nunca. De los 57, sólo uno me llamó para hacerse la foto”.
Frente a cámara
En el cara a cara, en el momento más esperado para el disparo de cámara, las emociones florecieron y el pasado volvió con relatos abiertos y conmovedores. “Hubo charlas que llegaron a un punto emocional muy fuerte. En ese momento lo único que podía hacer era agradecer infinitamente por estar frente a cámara y abrirse a contar algo tan importante a una persona que no conocían. Fue un momento íntimo e interesante a la vez porque fueron variando tanto los rostros que me llevó a preguntarme cómo los iba a fotografiar”, afirmó. Y agregó: “Hay miradas que miran pero que no. Los momentos más complicados fueron cuando quizás algunos necesitaron tomarse un respiro y levantar su cabeza".
Si hay algo que tenía claro la autora en su trabajo era que no quería viajar en el tiempo. No recurrir a fotos del pasado o de postales de guerra. “Hay un montón de cosas que podrían haber enriquecido el trabajo pero no quería sus fotos de 18 años cuando se fueron. Me interesaba ese hombre treinta años después. Me parece que es un momento interesante. Ya están en una edad importante y sus hijos le están poniendo garra al tema. Cuando ellos no estén -por los ex convictos-, ellos se encargarán y tendrán el orgullo de recordarlos”.
Por otro lado, algo llamativo que observó e hizo lectura al estar en constante intercambio con los veteranos es que muchos sienten una búsqueda constante de reconocimiento más allá de los actos que se hacen. “Creo que buscan ese reconocimiento que tiene que ver más con su derechos. Después se pueden otros testimonios como el de Justo Aguilar Zapata, que opina que hay cosas peores que una guerra, como la de perder un hijo como le sucedió a él. A mí nadie me profundizó cosas muy terribles, aunque cuando pregunté a algunas personas qué edad tenían cuando viajaron a Malvinas se angustiaron mucho”, comentó la creadora de "Trazo Boreal", muestra individual que exhibió en el marco del Día de la Mujer en la Legislatura.
Entre los pedidos e ideas que se tenían en mente, la solicitud de escritos fue uno de los puntos a conseguir. Según Sánchez, sólo logró que cuatro personas envíen un texto. “Quizás como me vieron que era una "pendeja" había un poco de descreimiento. Sin embargo, cuando les solicite que escribieran algo o una sola palabra que les saliera les fue dificil porque les costaba que le saliera algo espontáneo", comentó.
En la provincia, en total, hay 131 ex combatientes. Algunos se han alejado del Centro de Veteranos de Neuquén por diferentes causas. Ya sea por cansancio, por no querer saber más del tema o bien porque, como subraya Sánchez, “cada uno lleva su propio mambo en su cabeza”. Entre esas personas que se alejaron, la fotógrafa fue en busca de Mario Arellano, quien accedió a participar. Él como otros colegas fue justamente uno de los que se fue o decidió tomar distancia.
Pequeño adelanto
Previo al libro, Sánchez colgó una pequeña muestra en el marco del Bicentenario. La misma tuvo lugar y se dio a conocer en la Legislatura. Por el momento en los planes de la autora no está la intención de hacer una exposición completa. “Primero quería concretar la realización del libro que ya es un hecho y que cada uno -por los ex solados- tenga el suyo para bajar la cortina. Ojalá se pueda reeditar y la gente los conozca. Sé que hay muchos contentos porque el día de mañana sus hijos lo podrán ver y tener presentes en el libro", aseguró la reportera.
A María Isabel Sánchez, lo más gratificante que le pudo pasar con su trabajo es el agradecimiento. El agradecimiento de gente que sin saber de qué se trataba, de dudar a veces en qué se metía, terminó siendo pieza fundamental de una obra que refleja, sobre todas las cosas, una identidad única con una carga pesada de historia. En definitiva, personas comunes, que pueden cruzarse en cualquier esquina o atendiendo en una clínica como el anestesista Ricardo Osete, quien un día, sin saberlo, encontró en la camilla -previo a una intervención- a una fotógrafa. La misma que hace tres años atrás llegó a un paraje para cumplir su función y que, por esas cosas de la vida, se topó con un hombre llamado Grek para darle un reconocimiento en "Malvinas 30 años".