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Gabriela Canales repite que Villa Traful vive en una burbuja. Si bien cerraron todo “de repente” el 20 de marzo, con el correr de los días esta operadora de turismo no se “daba cuenta que estaba en una pandemia”. La naturaleza, los grandes espacios, la lejanía de la urbe y “múltiples” de causales hicieron que esta localidad neuquina esté libre de COVID y ahora tiente a muchos turistas.
“Por ahí te estoy describiendo como que estoy en Disney, pero la realidad es que al no tener el virus acá tal vez uno no lo puedo dimensionar”, aseguró, entre una risa y la preocupación de la situación, y reflexionó: “La verdad es que soy una privilegiada con el modo que atravesamos el encierro. Vivimos en un espacio muy grande en donde los chicos pudieron andar en bicicleta, bajar al lago y seguir en conexión con la naturaleza”.
Es que Villa Traful es una de las pocas ciudades que aún no reportó casos positivos. Tampoco sufrió una crisis económica, ya que, a pesar de que “se cortó antes de tiempo la temporada”, la dinámica fue similar a cualquier año sin pandemia. “Nosotros estamos acostumbrados a dar la vuelta al año con los ahorros de la temporada de verano y la reserva llega hasta ahora, octubre, así que estamos casi todos los que nos dedicamos al turismo esperando en noviembre comenzar a tener un ingreso”, contó Gabriela.
Al parecer, el calendario de la pandemia y las restricciones de la cuarentena podrán hacer que los primeros turistas empiecen a llegar a la localidad y movilicen el mercado. “La realidad es que nuestra vida en invierno fue bastante similar a la del 2019”, reafirmó.
La habilitación “es algo que se está debatiendo” en la ciudad. “No vi demasiada resistencia. Hay bastante gente que vive en Buenos Aires o en el valle neuquino y tiene casa acá, y como es un pueblo pequeño casi que nos conocemos todos los de segunda residencia”, analizó Gabriela.
Este es el momento en donde la localidad se empieza a impacientar por no saber qué pasará. “En realidad es cuando se empiezan a acabar los ahorros”, apuntó y aseguró que “a nivel general” observó que todos los prestadores de servicios tienen una cierta preocupación a ver si se activa o no la temporada. “Sería muy preocupante para el plano económico tener turismo nulo en verano”, agregó.
Según relató, hay varios vecinos que “continúan pensando que el virus no debe ingresar”, lo que significaría una política más restrictiva. Por otro lado, hay otros que creen que el virus va a llegar porque lo “traen las personas y es mucho más factible” si se abre la temporada.
“Yo con mi familia es un debate que estamos masticando. Por las dudas, ya nos preparamos con todos los elementos de seguridad en las embarcaciones, para el local comercial y todos los servicios que prestamos. Tenemos todo listo para cuando se habilite, pero creo que debemos aprender a convivir con el virus, ya que será inevitable contagiarse”, desarrolló.
“Yo ya me estoy autoconvenciendo que si tengo el virus lo voy a vencer, a pesar de que soy hipertensa y eso me hace factor de riesgo”, dijo y justificó que la meditación, la naturaleza y la fortaleza le da confianza ante el COVID.
Lo único que le falta a Gabriela y al resto del sector turístico es que Parques Nacionales habilite los protocolos. “Y que vengan los turistas, claro”, río.
Traful era la ciudad ejemplo. Sería la localidad en donde las clases presenciales iban a comenzar, pero “pasaron cosas”. “Yo fui una de las madres de los de séptimo que firmó una carta en donde aseguramos que no estaban dadas las condiciones para comenzar las clases”, apuntó.
Entre los motivos, Gabriela aseguró que “no hubo consenso con toda la comunidad” para la vuelta a clases, además de que la docente estaba en la ciudad de Neuquén y había que conseguir una suplente. “En medio de esa discusión, hubo un caso positivo en Villa La Angostura y todo se tiró para atrás”, aseguró.
A pesar de que casi no hubo clases presenciales, se llevaron a cabo rifas y distintos eventos para que toda la comisión de la hija de Gabriela tenga los buzos de egresados. “Claro, están pasando a la secundaria”, agregó.
De lo que Traful no estuvo exento fue de la mala conexión. “Acá en casa no tenemos buena y en toda la localidad en general. Así que no se hicieron clases on line, sino que tenían solo dos horas por semana y el resto con un cuadernillo”, describió la madre con sufrimiento, ya que cuesta “sentarte con cada uno para darle una mano”.
“Este jueves fuimos al centro de convenciones, en donde hay un espacio para que los chicos puedan ir a conectarse y no había internet y perdió la clase”, contó sin quejarse y exponiendo que la problemática de la educación los afectó.
La temporada anterior terminó con un “baldazo de agua fría”. “El 17 de marzo hicimos la última bajada al bosque sumergido con unos turistas y ya nos dijeron que era la última, y lo tomamos como una despedida”, contó Gabriela.
De ese momento, los controles se intensificaron. Se pusieron dos retenes, uno de cada lado del ingreso de la localidad. “Se empezó a controlar, bastante y creo que fue el momento en el que todo el país sintió la misma incertidumbre”, deslizó.
La cuarentena avanzó, el retén desapareció y la normalidad volvió poco a poco. “Nos empezamos a juntar y recién nos volvimos a asustar cuando en Villa La Angostura se reportó un caso, porque hay varias familias que tienen relación directa”, relató.
Más allá de las problemáticas de conexión que tienen y la incertidumbre sobre el turismo, la filosofía de Gabriela contagia tranquilidad. “Siento que mi percepción de la pandemia es siempre desde afuera. Si bien sufro la distancia de mi familia que está en Buenos Aires y tengo amigos o conocidos que se contagiaron, creo que no estuve tan cerca del COVID”, concluyó.