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No reserves más de ocho horas para dormir. La cantidad de sueño recomendada en un adulto sano es de por lo menos siete horas. La mayoría de las personas no necesita pasar más de ocho horas en la cama para lograr este objetivo. Tratá de acostarte y levantarte a la misma hora todos los días. De que la diferencia en las horas de sueño entre las noches de los días de semana y de los fines de semana no sea superior a una hora. Si no te dormís después de 20 minutos, salí del dormitorio y hacé alguna actividad relajante. Leé o escuchá música. Volvé a la cama cuando estés cansado.
No vayas a la cama con hambre ni sintiéndote muy lleno. Evitá las comidas pesadas o muy abundantes un par de horas antes de acostarte. Es posible que esa incomodidad te mantenga despierto. También tenés que tener cuidado con la nicotina, la cafeína y el alcohol. Los efectos estimulantes de la nicotina y de la cafeína tardan varias horas en desaparecer y pueden causar estragos en la calidad del sueño. Y si bien el alcohol puede hacer que te sientas somnoliento, es posible que interrumpa el sueño más adelante durante la noche.
Creá una habitación ideal para dormir. A menudo, esto significa una habitación fresca, oscura y en silencio. La exposición a la luz puede hacer que resulte más difícil quedarse dormido. Evitá el uso prolongado de pantallas que emiten luz justo antes de irte a dormir. El uso de cortinas para oscurecer la habitación, tapones para los oídos, un ventilador u otros dispositivos para crear un ambiente que se adapte a tus necesidades.
Las siestas largas durante el día pueden generar insomnio por la noche. Si optás por dormir una siesta, no lo hagas durante más de 30 minutos ni al final de la tarde.
La actividad física regular ayuda a dormir mejor. Sin embargo, evitá el exceso de actividad cerca de la hora de acostarte. También puede ser útil pasar tiempo al aire libre todos los días.
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