Fue una Semana Santa atípica, cargada de tensión y de conflictos. Fue un breve período de tiempo en el que la reflexión y la espiritualidad que proyectan estas fechas para la comunidad católica quedaron en un segundo plano. Fue la convulsionada Semana Santa de 1997.
Todo comenzó el 10 de marzo de ese año cuando ATEN, el sindicato que agrupa a los maestros decidió no iniciar el ciclo lectivo como estaba previsto. Las causas centrales fueron dos: el pedido de derogación de una serie de resoluciones que había aprobado el Consejo Provincial de Educación durante el receso escolar de ese verano. Las medidas significaban el cierre de salitas de jardines de infantes, la eliminación de talleres de informática y jefaturas de departamentos en las escuelas secundarias, la fusión de grados, la supresión de cargos en distintas áreas, así como la cesantía de un importante número de porteros. Este conjunto de resoluciones dejaría sin trabajo a unas 1.000 personas, según denunciaba el gremio. Se sospechaba además que aquellas resoluciones conducirían a poner en práctica la Ley Federal de Educación sancionada en 1993 y también rechazada por los sindicatos docentes.
Pero aquel paro debatido en las asambleas de principios de marzo también se fundamentaba en el repudio a la rebaja del 40 al 20 por ciento por zona desfavorable que el gobernador Felipe Sapag había implementado pocos días después de asumir su mandato en 1995 debido a la grave crisis financiera que atravesaba la provincia. Ese recorte también afectaba al resto de los empleados públicos.
Durante 1996 se habían realizado marchas y paros escalonados lo que motivo una mesa de negociación en la que se acordaron algunos puntos, pero no todos. Todavía estaba pendiente el recorte salarial que la conducción gremial no pudo doblegar.
Aquel 10 de marzo de 1997 las asambleas docentes votaron por un paro de 15 días con la realización de más movilizaciones y la coordinación de protestas con docentes de Río Negro nucleados en la UNTER que también habían votado un paro, pero por tiempo indeterminado.
La medida de fuerza tuvo un alto acatamiento con el correr de los días, mientras las negociaciones entre las partes estaban empantanadas. El gobierno neuquino sostenía que descontaría los días de clases perdidos, mientras calificaba el paro como una extorsión.
Pero el sindicato mantuvo firme su postura a través de las dos mujeres que lo conducían: María Eugenia Figueroa, a nivel provincial, y Liliana Obregón en la Capital, la seccional más importante.
El 21 de marzo, un nuevo plenario de secretario generales decidió profundizar las medidas de fuerza con un corte de rutas a realizarse el 24, en el aniversario del Golpe Militar y extender el paro por tiempo indeterminado. Así, una multitudinaria marcha recorrió la Avenida Olascoaga y se trasladó al puente carretero donde se instaló un piquete. Otra similar lo hizo en la ruta 7. Eran medidas arriesgadas teniendo en cuenta la proximidad de la Semana Santa (jueves 27 y viernes 28) que generarían graves perjuicios para el turismo y también a las economías regionales.
La tensión que se vivió durante aquellas jornadas de Semana Santa fue intensa y permanente, aunque los manifestantes sentían fortaleza en el amplio apoyo a la medida (no solo de docentes sino también de muchas personas que nada tenían que ver con la educación, pero que los apoyaban). En efecto, la zona del puente y las adyacencias se había convertido en aquellos días en un pequeño pueblo donde una multitud permanecía día y noche, con recitales, actos y hasta pequeños puestos de comida callejera que se habían instalado para apoyar la huelga.
La presión de los empresarios de la región, que ya habían pedido la intervención del gobierno nacional, sumada a la parálisis en pleno feriado largo, hizo que el gobernador Felipe Sapag tomara una drástica decisión, aun cuando todavía estaban frescas las heridas de las puebladas de Cutral Co y Plaza Huincul en junio del año anterior. Así ordenó el desalojo de las rutas por la fuerza con el apoyo del gobierno nacional.
La noticia de la inminente llegada de la Policía y los refuerzos de Gendarmería generó aun mayor nerviosismo entre los manifestantes. ¿Resistir o mantenerse en una actitud pacífica? En una masiva asamblea realizada en el lugar, los docentes decidieron hacer una resistencia pasiva: mantenerse en la ruta sentados, cantando y sin ofrecer resistencia. Pero el plan no salió como se esperaba. Ni siquiera sirvió la presencia del entonces obispo de Neuquén, Agustín Radrizzani que también llegó al lugar para pedir que no se reprimiera y que la salida fuera a pacífica, a través del diálogo.
A las 7 de la mañana del jueves 27 de marzo un grupo de gendarmes despejó el lugar con gases lacrimógenos y balas de goma. Policías provinciales hicieron lo propio en el piquete dela ruta 7.
La intervención de la fuerza generó un caos y puso fin a la drástica medida de fuerza, aunque los reclamos seguirían en otros lugares.
Aquel Viernes Santo fue atípico, más allá de la misa en la Catedral, la procesión y los pedidos de la comunidad para que se llegara un acuerdo que conformara a los docentes y que pusiera fin al conflicto para el inicio de clases. Sin embargo, la crisis seguiría.
Días después el acatamiento al paro se extendió y llegó al 100 por ciento en todas las escuelas de la provincia, mientras que el 31 de marzo se realizó una masiva movilización por las calles de Neuquén y ese mismo día la CTERA convocó a una medida de fuerza nacional en apoyo a los maestros neuquinos.
Las movilizaciones y nuevos cortes de ruta se extendieron en abril en distintas ciudades, aunque Cutral Co y Plaza Huincul sumarían reclamos no cumplidos en la pueblada del año anterior y en estas dos ciudades tendrían lugar nuevos episodios de violencia y represión policial que terminarían el sábado 12 de abril con el crimen (todavía impune) de una mujer cuyo nombre quedaría grabado en la historia neuquina: Teresa Rodríguez.
Ese mismo sábado se realizó una multitudinaria manifestación por las calles de la capital, mientras que en horas de la noche el gobierno convocó a ATEN a una mesa de diálogo donde finalmente se firmó un acta acuerdo para poner fin al conflicto. Cuatro días después el paro se levantó.
Pasaron 24 años de aquella inusual Pascua en la provincia de Neuquén. Fueron muchos días de tensiones, violencia y ebullición social en los que la tradicional celebración religiosa de la Semana Santa quedó desdibujada en un segundo plano.