Buenos aires.- Ayer se conoció un video en el que se ve una situación tan bizarra como penosa: mientras una mujer mayor jugaba con su nieto en la mesa de una confitería de la localidad bonaerense de Haedo, se ve cómo un hombre -también mayor- entra al lugar, mira hacia un lado y otro, revisa su celular, y cuando entiende que nadie le presta atención, apoya delicadamente su saco sobre el respaldo de la silla de la mujer, que sigue distraída con el niño, y cuando lo levanta también agarra la cartera de la dama, envolviéndola con su saco, y se va como si se hubiese arrepentido de haber entrado. Un robo descarado, grosero, a la vista de todos y a la luz del día, de un abuelo punga al que la policía está buscando, dado que la cámara de seguridad le tomó claramente su cara. Tanto como cuando toma la cartera.
Minutos después, la mujer quiere buscar su cartera y se da cuenta de que algo no andaba bien. Mira hacia un lado de la silla, mira hacia el otro y sus pertenencias no estaban. Se para, busca por el suelo y nada. Incluso, va hasta la calle, como si pudiera ahí llegar a encontrar algo, pero ya era demasiado tarde: la habían robado aprovechándose de su distracción al jugar con el nieto.
Claro que no fue la única distraída, porque ninguno de los empleados y comensales del bar advirtieron la lamentable situación. Y, claro, no hubo forma de compensar el desconsuelo de la mujer.