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Actividad laboral: desocupación récord y falta de trabajadores en las empresas

Los reclamos por más "empleo genuino" conviven con las dificultades que tienen los privados para contratar. El análisis.

La actualidad laboral en la Argentina vive una realidad contrastante. Por un lado, la desocupación que trepó a índices récords (46,5% en el primer trimestre de 2022 según el INDEC) y por el otro los empresarios que no consiguen trabajadores para sus plantas en los niveles básicos porque compiten con los planes sociales, y en los niveles medios y altos, por la falta de capacitación.

En este contexto, en las últimas semanas se repitieron las movilizaciones de organizaciones que reclaman extender los programas sociales y que, a la vez, piden “trabajo genuino”, a la par de la queja de los empresarios.

Para tratar de explicar esta situación paradójica, el diario La Nación consultó a referentes de distintos sectores productivos de todo el país, surge como conclusión que la percepción respecto de las dificultades para conseguir empleados es transversal.

Matías Ghidini, general manager de la consultora GhidiniRodil, analiza que “hace tiempo” hay una “desconexión” entre la oferta y la demanda laboral en la Argentina y dice que las ayudas sociales “conspiran” para conseguir personal en algunos segmentos. Enfatiza, además, que la “falta de planificación estratégica” es determinante para las brechas existentes y ejemplifica con el caso de la economía del conocimiento: se buscaron alternativas de formación -observa- pero se llegó tarde.

El trabajo del futuro se orienta a quienes están formados en ciencia, matemáticas y tecnología –agrega–, y la Argentina es un país de estudiantes de ciencias sociales. No solo tenemos el problema de los que no estudian o no terminan, sino que quienes sí estudian enfrentan inconvenientes de calidad y contenido. Los pocos que llegan no tienen lo que demanda el mercado”.

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En las consultoras de empleo coinciden en que la escasez de talento es un problema global. Según la última encuesta de ManpowerGroup, siete de cada diez empleadores dicen tener dificultades para cubrir puestos. Luis Guastini, director general de la firma en la Argentina, señala que es una de las cuatro macro tendencias que impactan en el mercado; las otras tienen que ver con las “expectativas” de los trabajadores (la pandemia cambió la lista de prioridades); la necesidad de una identificación entre los valores personales y los de la empresa, y la flexibilidad. Los postulantes “piden más autonomía; si es híbrido el empleo, quieren ser ellos los que elijan en qué días y en qué horarios ir presencial”, explica.

Según Guastini, las empresas que incorporaron nuevas herramientas y automatizaron procesos, cambiaron el perfil de búsqueda. “La escasez –sintetiza– responde a que la gente que sale a buscar empleo tiene nuevas expectativas, ya que los empleadores no encuentran las habilidades que requieren”.

La directora de Servicios, Calidad y Transformación de Adecco Argentina y Uruguay, Carla Cantisani, describe dos escenarios críticos que sufren muchos sectores. En los perfiles “básicos” –incluyendo los oficios manuales– es “muy difícil competir con los planes y subsidios”, en especial por las condiciones que se exigen. Que haya horarios rotativos, traslados que implican largos tiempos de traslado por la ubicación de las plantas industriales, y que sean empleos más rústicos son algunos de los condicionantes. Además, por la pandemia se eliminaron comedores y eso quita un incentivo. “Es una suma de muchas cuestiones –admite–. Si la posición es temporal y no asegura el largo plazo, no quieren poner en riesgo el plan”.

El otro contexto se vincula con algunos sectores en particular, que no consiguen empleados con la capacitación requerida. Cantisani lo define como una “deuda de formación importante” y sostiene que “no podemos construir el semillero”. Ejemplifica: “En tecnológicas o perfiles de ingeniería hay mucho movimiento en el mercado. Cuesta retener al talento calificado”.

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Una alternativa a la que recurren las compañías, dice Guastini, son las agencias de empleo que buscan personal eventual. Son el “puente” por el que ingresan jóvenes sin experiencia que la van armando a través de las distintas asignaciones. Según estima, alrededor del 40% queda en posiciones efectivas.

En respuesta a un reclamo histórico de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), el año pasado el Gobierno dispuso, a través del decreto 514, que los trabajadores rurales que reciben planes sociales pueden tener, a la vez, empleo en blanco. En las economías regionales había expectativas de que, por ese lado, llegara una solución a la falta de mano de obra, pero no fue así. Los “golondrinas”, en un principio dudan de que realmente vayan a mantener el plan. Además, quienes venían a trabajar en cosechas desde países limítrofes no lo hacen ahora, porque no les rinde el tipo de cambio.

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Para la cosecha de este año –que fue más corta por razones climáticas– se necesitaba un 20% más de trabajadores respecto de los cerca de 18.000 que hubo. Un obrero que trabaje cinco días a la semana gana entre $20.000 y $25.000 en ese período. “Peleamos por la compatibilización con los beneficios sociales y no resultó lo esperado, pero, además, naturalizamos que se pierdan kilos y kilos de alimentos por no poder cosechar”, afirma Klingbeil.

Desde la Cámara Regional de la Producción y de la Agroindustria de Salta, su presidente, Eduardo Rodríguez, explica que en la cosecha de tabaco se requieren unas 120 personas por año por hectárea. Y dice que en cada período se agudiza el faltante, “igual que para la zafra de la caña de azúcar y para las legumbres”. Los tabacaleros cobran entre $1800 y $2200 diarios.

“Falta de todo, desde tractoristas a cultivadores –sigue–. Lo primero que piden muchos es ‘no me va a poner en el libro’, en referencia a no estar en blanco. En todas las cosechas del país circulaban unas 600.000 personas que conocen el oficio y trabajan muy bien, pero ese volumen se redujo muchísimo”.

En varias provincias, desde las cámaras de comercio hay quejas por la falta de personas para puestos básicos. La demanda se topa con una oferta sin experiencia y, en el caso de los distritos más chicos, con la imposibilidad por parte de los empleadores de pagar el salario de convenio. “Los que tienen experiencia son los primeros que consiguen, pero después se encuentra muy poco”, sostiene Juan Manuel Gispert, director ejecutivo de la Federación Económica de Mendoza. En ese contexto, priorizan para la contratación la “competencia actitudinal” y las entidades empresarias se encargan de las capacitaciones.

Desde la Cámara de Comercio e Industria de Santiago del Estero, Alejandra Rafael, además de confirmar que es “difícil” cubrir puestos por capacitación insuficiente, aporta que es “imposible” para una pyme del interior poder cumplir con los convenios establecidos. Las negociaciones salariales centralizadas, coinciden varias fuentes consultadas, fijan parámetros que “no se pueden respetar”. Por caso, mientras un salario inicial de comercio es de $120.000 hay ciudades en las cuales un médico del Estado gana entre $60.000 y $70.000.

Sobre ese punto, Guastini admite que la centralidad de los convenios genera dificultades para negociar, “no solo salarios, sino también condiciones”. Como resultado de los cambios por la pandemia, señala, hay una “federalización del empleo” (por el trabajo híbrido o, directamente, el home office) y eso genera una “competencia” que antes no tenían las empresas locales.

“No es mito, es realidad que no hay empleados para lo que se busca –manifiesta Luciano Galfione, presidente de la Fundación Pro Tejer–. Hay que diferenciar entre el AMBA y el resto del país”. Dice que cubrir vacantes de operarios es “complicado”.

“Los planes sociales son un problema, porque el trabajador no registra una diferencia significativa neta en sus ingresos cuando se incorpora inicialmente al sistema formal”, sintetiza. Según calcula, dos Potenciar Trabajo en un grupo familiar, más la Tarjeta Alimentar, más la Asignación Universal por Hijo y algunas “changas” son equivalentes al sueldo inicial de alguien sin experiencia, en un trabajo que implica realizar tareas durante ocho horas, cumplir un horario e incurrir en gastos de transporte y de almuerzo.

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A su entender, el problema de la capacitación es “transversal” a todos los sectores y es más evidente en los segmentos más bajos, “donde hace mucho tiempo hay personas que no trabajan en relación de dependencia o que nunca lo hicieron. Entre los jóvenes, este problema se acrecienta mucho; no suelen reconocer la diferencia entre un empleo formal y una changa o un plan, porque lo que miran es el ingreso neto. La obra social, la jubilación, las vacaciones pagas, les quedan lejísimo de ser algo importante, les interesa el ‘acá y ahora’”.

Galfione menciona que varias cámaras trabajan con el Ministerio de Desarrollo Social para lograr que quienes se incorporen al empleo formal no pierdan el beneficio por un año y para que el empleador que lo tome descuente como suma no remunerativa el plan. En octubre pasado se emitió un decreto, el 711, que plantea bases en ese sentido.

Respecto de los mandos medios y altos, indica que el problema es la falta de oferta: “Casi no hay profesionales sin empleo en la Argentina; hay mucha rotación en búsqueda de mejores oportunidades y, literalmente, los empresarios nos vamos ‘sacando gente’ entre nosotros, porque no conseguimos. Donde más se nota es en puestos técnicos de todo tipo, supervisores con experiencia, laboratoristas, ingenieros”.

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