Como sea, ayer cerca de las 17 la calle era un desierto en la zona céntrica.
El cierre del horario de trabajo en la administración pública fue una suerte de disparo de largada.
Poco a poco desde las 15 los tres balnearios habilitados de la capital comenzaron a recibir la marejada de veraneantes, que buscaban la caricia refrescante del río.
35 grados a las cinco de la tarde. Esa fue la temperatura máxima de la ciudad en una jornada agobiante.La zona del Río Grande volvió a saber de esa suerte de procesión donde miles de personas caminan llevando sus reposeras bajo el sol.
Para hoy se espera otra jornada de calor intenso, en la que los médicos recomiendan mucha hidratación y el conveniente uso del filtro solar, sobre todo para los niños.
Los pocos que se atrevían a afrontar el implacable sol de ayer por la tarde tomaban sus recaudos: el agua mineral y las gorras, el equipo indispensable para trasladarse por esa suerte de horno refractario en el que se convierten extensos tramos de la avenida Argentina.
Por lo demás, el ronroneo de los equipos de aire acondicionado era parte de ese horno que fueron las calles.