Una de las consultas más frecuentes que suele hacer la gente es por cuestiones de pareja. Muchos adultos que están sin compañía anhelan volver a formar pareja. Ya sea que en este momento estés soltero o sin pareja, separado o viudo, te comparto cuatro sugerencias a tener en cuenta antes de compartir tu vida con alguien:
-Siempre que sea posible, hay que dejar pasar al menos un año antes de comprometernos a largo plazo. Muchos terminan una relación e inmediatamente procuran comenzar una nueva. Y otros tantos conocen a alguien y al poco tiempo deciden vivir juntos.
En el primer caso, es fundamental cerrar una historia anterior antes de conocer a otra persona. Y en el segundo, suele ocurrir que, cuando uno se enamora, no ve con claridad cómo es el otro y lo idealiza, es decir que le atribuye características que no tiene. En ambos casos, lo mejor es tomarse un tiempo para sanar cualquier herida del pasado y para conocer cómo de verdad es el/la otro/a. El enamoramiento disminuye con el tiempo y llega el momento en el que uno empieza a ver la realidad. Nunca te apresures.
-Tener en cuenta la velocidad propia y ajena. La mujer y el varón no se mueven con la misma velocidad. Debido a la gran presión que reciben ellas para convertirse en madre, muchas mujeres se apresuran al relacionarse con el sexo opuesto. Es como si ella anduviera en moto y él en bicicleta. Por eso, ella suele buscar avanzar rápidamente y comprometerse, mientras que él prefiere ir haciendo pequeños depósitos en la relación. De ahí la queja tan común de las mujeres que dicen: “¡Él no quiere comprometerse!”. Si no existe la misma velocidad para seguir adelante, es muy difícil que la relación pueda funcionar bien.
-Tener en cuenta el estilo de vida de cada uno. A los jóvenes, en general, les cuesta menos armar una pareja porque no tienen tantos hábitos negativos arraigados. Pero a medida que pasan los años, y sobre todo después de los 40, hay hábitos propios (además de los de la familia) que la persona no está tan dispuesta a abandonar y quiere llevarlos a su nueva relación, cueste lo que cueste. Es por ello que siempre se les aconseja a los integrantes de una nueva pareja crear “su propia cultura”, su propia forma de conducirse de a dos. De todos modos, en una pareja, más allá de los hábitos, siempre se debe negociar cuando aparece un conflicto.
-Dejar bien en claro cuáles son las expectativas con respecto al futuro. Si se esperan diferentes cosas de la relación, la pareja funcionará mal. Si, por ejemplo, ella es soltera sin hijos y él es separado y tiene hijos, necesitan sentarse a discutir si tendrán hijos en común. Si no lo hacen, podría suceder que la pareja se termine porque ella quiere ser madre y él ya no desea tener más hijos. Todo lo que no se explicita es una fuente de probables conflictos. Aquí lo ideal es construir un “puente afectivo” que una las expectativas de cada uno.
Una construcción donde hay un “vínculo de intimidad”, un espacio donde ambos pueden mostrarse tal cual son, es la clase de pareja que puede perdurar en el tiempo.
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com