{# #} {# #}
“Argentina tendría que llamarse Patagonia”, dijo el profesor César Fernández recurriendo a los testimonios de las primeras crónicas de los exploradores occidentales que llegaron a nuestra región.
Fernández es un catedrático de enorme y vasta trayectoria y un recopilador de leyendas patagónicas pertenecientes a la tradición oral mapuche, que de otro modo correrían el riesgo de perderse. Además de darse a la ardua tarea de escribir y publicar libros, que son el resultado de toda una vida de trabajo de campo, se encarga de llevarlos personalmente a las librerías de región. Esto le permite la oportunidad de conversar con sus lectores y además de divulgar su obra con quienes aún no la conocen.
“Comencé mi trabajo de investigación siendo docente de la Universidad Nacional de La Plata. Un profesor rumano llamado Demetrio Gazdaru me eligió para que fuera su ayudante de cátedra. Empecé entonces a leer y a investigar sobre la Cultura Mapuche. Mi primer contacto como investigador con el pueblo mapuche fue en 1967, en la comunidad de Auca Pan de Neuquén, gracias a la intercesión del Padre Barreto que se desempeñaba como párroco en esa zona y a quién conocía desde mis épocas de estudiante en el Colegio “Domingo Savio” de Gral Roca", recordó en diálogo con LM Neuquén.
"Mi objetivo era obtener registro de léxico mapuche, relatos y leyendas. Uno de los primeros integrantes de esas comunidades que conocí fue José Coliman, quien me cantó dos canciones en su idioma, contándome posteriormente lo que significaban. Se trataba de dos romanceadas o “Kantuns”. Ese encuentro lo incluí en uno de mis primeros libros llamado ´Relato de Romanceadas Mapuches´", agregó.
En la actualidad en esa zona de la Provincia de Neuquén, conviven hoy más de 20 comunidades mapuches entre ellas, las comunidades Chiuquilihuin, Paneifilu, Raquithue, Atreico, Linares y Lafquenche.
“Los maestros de la escuela de Auca Pan, en la que yo estaba, me contaron que tenían grandes dificultades para la enseñanza de la lengua española y me preguntaban sobre problemas que se les presentaban desde el punto de vista ortográfico y de la escritura, hasta la comprensión de textos y cuyas inquietudes, por aquel entonces, yo no sabía responder. Por aquella época, en esa zona había mucha gente que hablaban solamente mapuche o bien las dos lenguas, se trataba de una zona aislada con características bilingües. Mi tarea comenzó por interiorizarme en los aspectos pedagógicos, aunque sin contar la bibliografía específica cuyo acceso por entonces era casi nulo", sostuvo Fernández.
En ese sentido, el profesor contó que se puso en contacto entonces con otros colegas chilenos que estaban trabajando en la misma problemática y de ese trabajo en conjunto, surgió el libro “Hablar Paisano – Estudios sobre el español de la Patagonia”, que aborda como los mapuches incorporaban el castellano a su habla.
"Mis veranos ya no tuvieron el destino de los lugares turísticos del país como Mar del Plata, me trasladaba todos los años con mi mochila y mi carpa a convivir con las comunidades de aquellos parajes, incluso junto a mi esposa después de habernos casado. Esto implicaba privarnos de todas las comodidades que te puedas imaginar cómo estar sin bañarnos por semanas y cosas así", contó.
"Siempre hubo quién nos alcanzara a esos lugares, porque desde Junín de los Andes a Auca Pan había varios kilómetros, También íbamos al Malleo y a Quila Quina en dónde pudimos recopilar muchas historias y saberes. La oralidad para el pueblo mapuche (como para muchos de los pueblos originarios que conservan esta tradición) constituye un mecanismo social que permite la prolongación y reproducción de la memoria colectiva", sostuvo.
Fernández se fue metiendo en el campo de los relatos poco a poco pero también en las necesidades y requerimientos de los maestros, tales como necesidades que tenían los chicos en la compresión de los textos que el gobierno les enviaba a las escuelas. "Así que les facilité a ellos, los textos que recopilaba con relatos de pobladores de la zona para que utilizaran como material de aula, tales como “Los Cuentos del Zorro y el León”, adivinanzas y demás leyendas de la región”, explicó.
La figura del Zorro y otros animales autóctonos (como es el caso del Puma al que los conquistadores llamaron también león) son personajes centrales dentro de las leyendas mapuches, representando las características propias de la energía de cada ser viviente (el Newen) tales como la astucia, la bravura y la capacidad de adaptarse a las adversidades del entorno.
César Fernández, Profesor y Doctor en literatura recuerda con emoción la evolución de su tarea docente: “Después dimos un paso más que consistió en que los pobladores de la zona fueran a directamente escuela a contar ellos mismos esas historias. Incorporando de esa manera la cultura de la zona como parte de su propio patrimonio al ámbito escolar. A los chicos, entonces, no sólo les resultaba más fácil aprender, sino que además se valoraba de otro modo el saber de los referentes de sus comunidades.
El próximo paso fue incorporar una antología que en la que venía trabajando desde hace tiempo que se llamó “Cuentan los Mapuches” como texto escolar. Debo agregar que dicha antología cuenta hoy con siete re-ediciones”
Además de haber viajado por toda Europa, el norte de África y por muchos países de Latinoamérica tales como México, Cuba, Costa Rica, Guatemala, Colombia, Venezuela, Perú, Brasil. Trabajó en Chile como asesor en Investigación en la Universidad Católica de Temuco con la temática de la Interculturalidad de la enseñanza en las comunidades mapuches. En España se desempeñó en la Universidad Complutense de Madrid. Mientras que en nuestra región también integró el cuerpo docente de la Universidad del Comahue.
“He trabajado también en temas vinculados con los “Argentinismos”, mi último artículo: “Capac y Patagones, los primeros Argentinismos”, fue incluído en la publicación del 90 Aniversario de la Academia Argentina de Letras, en la que cumplí además 20 años de trayectoria, teniendo el honor de ser el primer rionegrino en haber sido incorporado a la misma.
“Capac” es una palabra de origen tehuelche que registra Pigafeta (cronista del explorador Fernando de Magallanes) en 1520, junto con el vocablo “Patagones”, siendo así, los dos primeros argentinismos, además de ser también “patagónicos”.
En realidad, Argentina tendría que llamarse Patagonia porque esa fue la primera denominación que tuvieron estas tierras. Pigafeta lo expresa como “Región Patagonia”. Después se las denominó como “La Tierra de la Plata” que en realidad, era la región de Bolivia y de allí derivó en Argentina por el latín “Argentum”.
“Actualmente estoy trabajando en un proyecto sobre “La Ciudad de los Césares” que es una historia también patagónica sobre una navegante que se pierde en una expedición y funda una ciudad”
En 1528 el Capitán Francisco César, extravió su rumbo cuando se encontraba al mando de una expedición dirigida, por el marino Sebastián Gaboto. Su desaparición alimentó muchas otras leyendas a cerca de una ciudad mítica en la que todo era oro y plata y llamada a partir de entonces “La Ciudad de los Césares” debido a su apellido.
César Fernández entre sus diversas actividades, incursionó también en el género documental, junto al cineasta Alberto Vilanova en una serie de temática pedagógica, sobre la enseñanza intercultural de la lengua mapuche.
En el año 2008 se jubiló como Docente de Lengua y Director de Posgrado en la Facultad de Ciencias de la Educación aunque continúa trabajando en la publicación de próximas novedades editoriales.
LAS RENÜ DE AUCAPÁN
Dicen que los antiguos contaban que a veces había temblor. La gente salía de su casa y ponía la cudi con sal o trigo. Si molía entonces había que gritar que sí, que estamos todos. El terremoto era un aviso del Pillán para saber si estábamos todos los mapuches.
Así se calmaba y paraba de mover. El temblor lo produce el Pillán Mahuida. Ahí hay una abuela, una señora que es la dueña del volcán o del cerro. Ella es la que saca fuerza. Cualquier cosa que ocurra muchas veces es porque ella lo manda.
En Aucapán pasó con el Cerro Negro, que antes terminaba en punta y una vez explotó y ahora está mocho. No hay que pasar cerca de él, porque uno se vuelve medio loco o se puede morir. En esa mahuida hay una rajadura.
Esa es la entrada de la renü. Hay un lugar oculto donde está un cerro que no existe, como un fantasma. Ahí no se puede entrar porque hay cosas malas. Ese cerro una vez tembló y a veces se oyen voces adentro.
(Recopilado por César Fernández, 1989 Narrado por Mercedes Antimán, Aucapán, 1980)
Aucapán es un paraje de la provincia de Neuquén. En este lugar se encuentra la agrupación mapuche Linares. Está ubicado a 50 kilómetros de Junín de los Andes, en el camino que une esta localidad con Aluminé. El cerro al que se refiere la relatora tiene una entrada de difícil acceso. La misma está ubicada en su cima y se considera tabú escalarlo. La gente tampoco va a la olla del arroyo Aucapán, porque aparecen cabezas de vaca dentro del agua
Cudi: Piedra plana para moler a modo de mortero.
Renü: Salamanca, animal legendario que había en las llamas del fuego.
Pillán: Poderoso espíritu del mundo de los ancestros.
Mauhida: Montaña