Sin embargo, un estudio reciente de la universidad de Queens, también en Canadá, llega para refutar esa idea.
30 minutos de ejercicio todos los días es la cantidad mínima recomendada para un adulto sano.
Según el doctor Robert Ross y su equipo, si bien la programación genética puede generar distintas respuestas ante un cierto programa de ejercicios, no puede anular su impacto por completo.
Para ello, durante 24 semanas realizó un seguimiento a un grupo de más de 120 personas, obesas y con sedentarismo. Divididos en tres grupos, los voluntarios fueron sometidos a tres diferentes programas de ejercicio en los que variaron la relación entre la cantidad de gimnasia y la intensidad.
Después de cuatro semanas, los investigadores encontraron que había voluntarios que parecían resistentes o inmunes en todos los grupos.
Ante eso, Ross se planteó redoblar la cantidad y la intensidad del ejercicio en quienes no mostraban ningún cambio.
Llamativamente, al final de la investigación, no quedaban personas resistentes.
Los resultados sugieren que, si bien la cantidad mínima de ejercicio recomendada no era suficiente para todos, la solución está en incrementar la intensidad y regularidad en aquellos que parecen resistentes.
Además, el miembro de la escuela de kinesiología y estudios de la salud resaltó que aunque los efectos del fitness no se hagan visibles en nuestra silueta, los mayores beneficios pueden ser invisibles.
"Aunque muchas personas no ven mejoras físicas, sí experimentan cambios sustanciales en su calidad de vida, reduciendo la cantidad de azúcar en sangre o mejorando su circulación", explicó.
El sedentarismo, ese gran enemigo
La falta de actividad física regular, según la OMS, constituye el segundo factor de riesgo más importante de una salud deficiente, después del tabaquismo. Duplica el riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes tipo II y obesidad. También aumenta la posibilidad de sufrir hipertensión arterial, osteoporosis y cáncer de mama, entre otros.