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El auge que atraviesa el mercado inmobiliario en la ciudad empujó a uno de los últimos locutorios céntricos a cerrar sus puertas. Se trata del kiosco de Alderete y Buenos Aires, que tenía mucha demanda de ciudadanos extranjeros y gente del interior de la provincia que buscaba comunicarse con sus familias.
Hace aproximadamente dos semanas, la esquina fue puesta en venta en distintos sitios web especializados en la comercialización de inmuebles. Por sus características -800 metros cuadrados- y el lugar estratégico en el que se encuentra, es un lote muy atractivo para los inversores, por lo que los trabajadores de la zona suponen que próximamente van a levantar un edificio de departamentos.
En este contexto, los propietarios del Locutorio Alderete se vieron obligados a cerrar el local, que atravesaba un excelente momento. Franco, trabajador del kiosco, comentó que, al encontrarse frente al hospital Castro Rendón y a tan solo una cuadra de la Avenida Argentina, tenían mucha demanda.
“Es increíble la cantidad de gente que venía a usar las cabinas. Incluso, como teníamos habilitadas las llamadas internacionales, venían muchos extranjeros a llamar a sus familias”, explicó al respecto.
Franco indicó que tenían una tarifa muy barata en comparación con la competencia, por lo que se hicieron de una importante clientela de ciudadanos venezolanos y chilenos, al punto de que muchos iban casi todos los días. “El minuto a Chile costaba dos pesos con cincuenta, mientras que a Venezuela eran cinco pesos”, precisó.
Además, señaló que cuando les comunicaron que el local iba a cerrar, los clientes manifestaron su preocupación porque no sabían dónde hay otros locutorios en la zona céntrica que tengan llamadas internacionales a bajo costo. “Me preguntaban a dónde ir”, expresó.
Si bien el cierre del kiosco se da en un contexto económico difícil, Franco detalló que tanto él como su compañero serán trasladados a otro comercio del mismo dueño. En tanto, subrayó que también funcionaban como un recurso de emergencia para la gente del interior que se atendía en el hospital y se quedaba sin batería en el celular o se lo olvidaba en sus pagos. “El otro día vino un señor de Zapala que se había olvidado el teléfono allá. Llamó a su familia dos minutos y les aclaró que había dejado el aparato allá, para que se quedaran tranquilos”, contó.
Ayer comenzaron a retirar la estantería, las heladeras y las cabinas para dejar el lugar y darles paso a los desarrollos inmobiliarios.
Luego de pasar tres décadas en la emblemática esquina de Diagonal 9 de Julio y Avenida Argentina, la clásica pizzería Franz & Peppone se tuvo que mudar porque se quedó sin contrato de alquiler, dado que el inmueble se puso a la venta.
Se trata de una casa que fue construida en 1915 y que a finales de los 80 fue convertida en un restaurante por la familia Chamatrópulos.
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