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“Nadie va a comprar ropa para quedarse a estrenarla en la casa, eso lo pienso como clienta y lo entiendo como vendedora”. La reflexión entregada por Estela a un cronista de este diario desde el lado de adentro de la tienda Ansiosa, demarcada por una inflanqueble puerta de rejas, resume buena parte de lo que se vivió entre los comercios del bajo ayer. Era el primer día que podían vender después de un mes de cierre obligado por la cuarentena contra el coronavirus. La mayoría comprobó que llevará un tiempo volver a la normalidad, mientras constataba las limitaciones para comerciar a distancia sin las herramientas adecuadas.
En una fase más laxa de la cuarentena, desde ayer se habilitaron las ventas siempre y cuando se pacten a distancia y las entregas se hagan a domicilio. “Le pedimos al dueño que abriera para ver si movemos la mercadería. Queremos cobrar el sueldo”, contó la vendedora, que se hizo del salario de marzo en dos cuotas.
El mismo objetivo persigue un colega de una tienda de electromésticos de la misma cuadra, sobre la calle Alcorta. “Estamos las ocho horas por día, aunque no vendamos, porque sino no nos van a pagar”, soltó.
La tienda Ansiosa, como la inmensa mayoría del comercio local, salió a ofrecer su catálogo de productos por WhatsApp y las redes sociales. Mientras el reparto lo tiene previsto con movilidad propia. No hay experiencias de venta on line entre el comercio instalado en el centro de la ciudad, salvo el caso de las cadenas de electrodomésticos y afines.
Ayer en la mañana, las financieras aglutinaban gente en las veredas, mientras los trabajadores y propietarios de los comercios desempolvaban las vidrieras tras semanas con las persianas bajas. También había colas en los cajeros automáticos. No así en la Dirección de Rentas, que fue otro de los rubros habilitados para atender.
Con turnos, volvieron al trabajo las ópticas. “No vino gente, estamos recién empezando a movernos de nuevo”, le dijo a este diario José Todero, dueño de una óptica de la calle Alberdi.
La recomendación para este rubro es que levante los pedidos y entregue a domicilio. No obstante, hay detalles que requieren la presencia en el local, como el tener que probarse los anteojos antes de comprar. Los turnos previstos para los clientes son cada media hora y la atención, a dos metros.
Por Javier Polvani - Editor en LM Neuquén
El aislamiento social obligatario contra el coronavirus encontró al comercio local desprovisto de herramientas corrientes para esta altura de la historia que pudieron eximirlo de algunos de los males que lo condenan. Hasta ahora, no crearon una plataforma de venta on line independiente de una multinacional ni un esquema logístico para la distribución domiciliaria de las ventas.
Los comerciantes locales dependen de Mercado Libre para vender on line y de Pedidos Ya o de Glovo para llegar con sus productos a las casas de sus clientes. Paradójicamente, la gran mayoría tiene absoluta dependencia financiera del Banco Provincia del Neuquén. Es decir, la logística es importada, pero el financiamiento es autóctono. Ningún economista serio aconsejaría esa ecuación ni a los comerciantes ni a los conductores del estado. La pandemia sanitaria evidenció la otra pandemia.
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