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Bonavena-Alí: la noche en que Ringo se le plantó al más grande afuera y adentro del ring

El 7 de diciembre de 1970, el argentino hizo historia en Nueva York ante el enorme Muhammad. Lo toreó en la previa como ningún otro y se la bancó en el ring.

Cuenta la leyenda que no era la primera vez que lo hacía. Hoy seguramente terminaría preso, pero el 26 de noviembre de 1970, cuando Oscar Bonavena se acomodó en uno de los asientos del avión de la línea aérea norteamericana Pan Am, que lo llevaría desde el aeropuerto internacional de Ezeiza, en Buenos Aires, hasta el John F. Kennedy, en Nueva York, sabía que sería por pocos minutos: cuando la nave estaba completa de pasajeros y lista para el despegue, el comandante ordenó la inmediata evacuación: un llamado anónimo informaba que había una bomba a bordo.

Todavía no eran tiempos de Bin Laden ni de tantas situaciones de tensión como años después, pero una bomba es una bomba hoy y hace 50 años. La emergencia hizo que todos bajasen no sin un lógico temor por la situación que estaban viviendo. Todos aquellos músculos estaban tensionados salvo los de Ringo, que estaban relajadísimos. Su semblante no era el de una persona que podía temer que el avión al que iba a subirse explotara en el aire. Era loco y capaz de muchas cosas, pero semejante morbo era demasiado. La Brigada de Explosivos y la Policía hicieron la revisión correspondiente y comprobaron que se trataba de una falsa alarma. Con el tiempo se supo que todo, en realidad, se trató de una broma del boxeador.

Hoy, está dicho, terminaría preso. Pero su finalidad, entonces, no fue jugar al terrorista sino lo de siempre: ganar la atención de la prensa de cualquier manera. Como había hecho hacía tres años, cuando en Alemania, antes de pelear contra Karl Mildenberger, se metió dentro de un supermercado con un Mercedes Benz que había alquilado, pero no al estacionamiento sino al local, frenando al lado de una góndola, en esta ocasión mandó a que alguien hiciera un llamado amenazante y con eso consiguió que en la mañana del 27 de noviembre, al aterrizar en suelo estadounidense, decenas de periodistas se apiñaran para preguntarle cómo había viajado a pesar de este contratiempo. Y él aprovechó para dar el primer golpe antes de subir al ring: “La bomba la puso Clay, para que yo no pueda viajar y le gane por paliza”.

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Ringo Bonavena ya había caído de pie dos veces en Estados Unidos contra el gran Joe Frazier.

Diez días después de ese arribo a toda orquesta, el 7 de diciembre de 1970 lo esperaba el desafío más importante de su carrera. A pesar de que había enfrentado un par de veces, y sin ser noqueado, a Joe Frazier, en ese momento campeón del mundo, pararse frente a Muhammad Alí era la gran ambición de su vida. Y fiel a su estilo, el que en cierto modo copió del propio Alí, arrancó la disputa previa pegando dos veces con la misma trompada. Primero, por la bravuconada, la “boconeada” de que le ganaría por paliza al mismísimo “Bocón de Louisville” en el Madison Square Garden. Segundo, por nombrar a su rival de un modo que sería una constante en aquellos días y que al norteamericano rebelaba especialmente: llamarlo “Clay”, apellido del cual se había despojado un día después de haber ganado por primera vez la corona de los Pesados en 1964, cuando anunció que se convertía al islamismo y su nuevo nombre era Muhammad Alí. Abandonó para siempre el Cassius Clay con el que todos lo conocían, que era el apellido que heredó de su padre y de su abuelo que, cuando llegó de África a los EE.UU., fue comprado como esclavo por un hombre blanco llamado Clay. Y como los esclavos eran una posesión de sus dueños, debían portar el apellido de ellos.

Ringo y todo su equipo se alojaron en un Apart Hotel ubicado en las afueras de la ciudad de Nueva York. La localidad se llamaba Grossinger’s y sirvió para que encarara con responsabilidad la recta final hacia la pelea de su vida. Bovanena estaba en buena forma, sus golpes preocupaban a cualquiera que se le parase enfrente y él haría lo necesario para que su rendimiento fuese óptimo. Incluso, por primera y única vez en su carrera, aceptó un largo tiempo de abstinencia sexual como parte de su preparación física.

Alí también tenía su obsesión pero no se llamaba Bonavena sino Joe Frazier. En realidad, le obsesionaba algo que su compatriota tenía y a él le habían arrebatado en un escritorio, el cinturón de campeón del mundo que le quitaron cuando en 1967 se negó a sumarse al Ejército de Estados Unidos -en plena guerra de Vietnam- y que derivó en que le sacasen su licencia de boxeador y hasta le “trabaran” su pasaporte. De ese modo, Muhammad Alí no podía pelear en su país ni tampoco hacerlo en el exterior.

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Alí, campeón e invicto, había sido despojado de su cinturón de los pesados tres años antes por negarse a ir a Vietnam.

Ringo había seguido con especial atención todo el proceso legal que rodeó a los infinitos reclamos que Alí hacía para que lo dejaran volver a boxear. Necesitaba pelear contra el que todos sabían era el mejor de la historia. Se trataba de una jugada muy arriesgada, porque el argentino nunca había recibido una paliza en el ring, ni siquiera en las dos ocasiones que enfrentó a Frazier unos años antes. Y plantársele al enorme Muhammad, el que flotaba como una mariposa y picaba como una avispa, según su autodefinición, era arriesgar mucho. Sin embargo, Bonavena -que no tenía mucha técnica ni una gran velocidad de piernas, o sea, era lo contrario a su rival- se la bancaba, era guapo. Y asumía el riesgo. Para Alí, en definitiva, tampoco se trataba de un escollo menor, porque su regreso al boxeo recién comenzaba, sólo había hecho una pelea desde que la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos dio lugar a sus reclamos para que le permitiesen volver a pelear.

Ese combate de retorno había sido el 26 de octubre, en Atlanta, y Alí lo ganó fácil (nocaut técnico en el tercer round). La expectativa por su regreso era enorme y fue toda una movida para los afroamericanos, algunos de los cuales, los más ricos, ironizaron al mejor estilo Alí: llegaron a ver la pelea en grandes limusinas conducidas por choferes blancos. En aquellos mismos días, Ringo hizo un viaje relámpago a Miami, donde firmó contrato para ser el segundo rival de Alí, lo que también representaba un riesgo para el campeón que quería recuperar su cinturón: un traspié ante el rudimentario pero potente Bonavena podría complicarle el panorama.

La preparación del equipo argentino en la previa en los Estados Unidos fue a conciencia, aunque también hubo algunas complicaciones, pero vinculadas a las locuras de Bonavena y al nulo dominio del idioma inglés de la mayoría de sus acompañantes. Según refleja la extraordinaria biografía “Díganme Ringo”, de Ezequiel Fernández Moores, una tarde Bonavena se hartó de la demora que le ocasionaba el intenso tránsito neoyorkino y decidió volantear y cometer una infracción con el auto para salir de ese lío. Pero se metió en otro: la sirena de la Policía sonó y un agente se le acercó para multarlo. Ringo, entonces, jugó de anticipo una carta fuerte y le dijo al policía que su entrenador, Bautista Rago, estaba muy enfermo. Rago, que no sabía inglés, desconocía que acababa de enfermarse gravemente. Y mucho menos comprendió cuando a los pocos minutos llegó una ambulancia, que había llamado el crédulo policía, y lo trasladó de urgencia al hospital donde quedó internado en observación durante unas horas.

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La pelea tuvo una previa genial gracias a la impronta de Ringo Bonavena y de Alí y paralizó a la Argentina.

El equipo de Bonavena tenía empeño y tesón, aunque no mucho mundo. Por eso Ringo se enfurecía con Rago cuando éste miraba embelesado nevar por la ventana del Apart Hotel sin alcanzar a entender por qué en Buenos Aires no ocurría lo mismo… en diciembre. O cuando uno de sus colaboradores se perdió en el centro de la ciudad y desde un teléfono público llamó a Bonavena para que lo ayudara. Ringo le dijo que le leyera el cartel con el nombre de la avenida que estaba en la esquina. La respuesta que escuchó lo dejó entre indignado y resignado: “Dice: ‘Don’t walk’… Ah, no, pará que acaba de cambiar de nombre y ahora dice ‘walk’”. El hombre estaba leyendo el semáforo peatonal...

Bonavena no era bilingüe, precisamente, pero a comienzo de los años 60 había vivido un tiempo justamente en Nueva York y comprendía bien el inglés y se hacía entender, algo que le sirvió de mucho para calentar las peleas y así desbordar las boleterías. A su clásico rival argentino, Goyo Peralta, al que le ganó el título de campeón nacional en 1965, lo humilló, generando en su rival un odio tan grande que nunca le pudo perdonar la actitud por más que Ringo se acercó de inmediato, no bien terminado el combate, a disculparse por todas las barbaridades que le había dicho antes de la pelea y para aclararle que el circo tenía como único efecto vender entradas. Razón no le faltó: aquella noche, el Luna Park registró una asistencia de 25.236 espectadores, récord imbatible para una velada de box.

Goyo Peralta era un hombre de extremo perfil bajo, opuesto al estridente Ringo. En cambio, Muhammad Alí, además de ser el mejor boxeador del mundo, era un especialista en provocar y humillar rivales. Y así intentó hacerlo en el primer cara a cara que tuvo con el argentino, en la revisión médica que se hizo en el Madison Square Garden una semana antes del combate. Alí llamó “vaca de pies cansados” a Bonavena que, quizá sorprendido por el ataque del norteamericano, contraatacó breve y concreto: “Andate a la puta que te parió”. No hacía falta mayor traducción. Luego, sí, con toda la prensa expectante por el encuentro, Ringo sacó a bailar al gran Alí. Se tapó la nariz sugiriendo que había olor feo y le hacía gestos con las manos para que se alejara de él. Y, como quedó inmortalizado en televisión, cuando Muhammad hizo su show de tirar golpes al aire que pasarían Bonavena, que esperaba con la guardia baja, éste sacó una mano y amagó con pegarle a Alí quien, sorprendido, se echó atrás por reflejo provocando la risotada de Ringo, que lo señaló con el dedo y le dijo que tenía miedo.

Bonavena ridiculiza a Ali (Chicana con amague de Bonavena a Ali)

El otro cruce antes de los casi 15 rounds que pelearon en el ring fue el 6 de diciembre, en el pesaje, cuando otra vez Ringo tomó la iniciativa, le dijo que era una “gallina” (chicken) por no haber ido a Vietnam, que era un canguro negro, que era gay, fastidiando a Alí, quien pronosticó que lo iba a noquear en el noveno asalto. Esto no ocurrió y la pelea se definió en la última vuelta.

Y la ganó Muhammad Alí por nocaut técnico, después de que el argentino cayera tres veces en los dos minutos y tres segundos que duró aquel round final. Quedó en la historia un tremendo gancho de Bonavena que dejó al gran campeón tambaleando y un resbalón que le hizo poner la rodilla en el suelo. Y quedó en la historia, también, la guapeza de Ringo, que de verdad creía que podía derrotar a Muhammad Alí aunque supo que con optimismo no era suficiente y que, en definitiva, haber perdido como perdió, fue una victoria.

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Ringo aguantó 15 rounds contra el mejor de todos los tiempos y luego le pidió perdón por haberlo cargado.

Era la pelea de su vida y fue la mejor. Contra el mejor. Ganó una bolsa de 175.000 dólares y fue, además, una triunfante noche de su carisma indestructible: los 79.3 puntos de rating que hizo Canal 13 televisando la pelea en directo para la Argentina fue un récord para un evento deportivo que recién se quebró en la final de Italia 90, cuando la transmisión de TV hizo un pico de 82 puntos de rating. Pero era la final del Mundial de fútbol y jugaba nada menos que Maradona. La muerte joven de Ringo, en 1976, le impidió gozar plenamente también de ese logro.

Muhammad Ali vs Oscar Bonavena # Highlights # HD

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