{# #} {# #}

ver más

Cambió su vida de dolor por un arte zen del pincel

Una arquitecta pudo superar una crisis con una técnica japonesa.

Adriano Calalesina

adrianoc@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Patricia Gómez hizo del dolor una oportunidad mágica e inesperada. Se abrió camino a través de un no muy conocido arte oriental, llamado sumi-e, que la salvó de caer en esos abismos emocionales que de vez en cuando aparecen inevitablemente en la vida.

La técnica surgió en China hace más de 2400 años, pero los japoneses la refundaron en los templos de budismo zen. Es una filosofía que implica pintar sobre lienzos de arroz y gastar la tinta sobre una piedra. Un proceso de creación que sólo es posible concretarlo con personas que necesitan bajar casi a cero la ansiedad.

Hace seis años, Patricia no salía de su casa. Cuidaba a su madre de una enfermedad y dejó colgada su profesión: la arquitectura. También hizo el duelo, como muchos, de no tener más a su padre. Fue en esos días más oscuros cuando encontró la inspiración necesaria para salir adelante.

Patricia dio vuelta la página y hoy es conocida dentro de una gran comunidad internacional, donde ganó premios con el arte sumi-e. El último lo ganó en la Séptima Exhibición Internacional de Pintura y Caligrafía China en An Shan-China 2017. Una obra llamada “Immaculate”, donde recrea el misterio de un montaña nevada, al estilo de los himalayas, con trazos monocromos en todo el acenso.

“Para hacer esto hay que estar equilibrado, se necesita bajar la ansiedad para poder pintar, se juega con la respiración cada uno de los trazos”, explicó Patricia a LM Neuquén, en su taller que tiene acondicionado en Centenario.

La mujer comenzó con este arte hace 15 años cuando se instaló en Caviahue, donde aprendió con su maestra Maggy Eve Risdon. Después profundizó la técnica navegando en internet.

Pero la evolución de sus pinturas, en las que puede estar meses y meses trabajando, con trazos y detalles milimétricos, hizo que se presentara en concursos en Estados unidos, Japón y China desde 2013 a la actualidad.

La temática que despliega en los papeles de arroz, a los que llama kakemonos (un lienzo de 0,35 centímetro por 1 metro) van desde las montañas, bambú, tigres y águilas. Esas series pueden llevarle semanas o meses durante varias horas. No hay mucho margen para el error. Un mal trazo puede desechar el trabajo de días.

“Cuando papá falleció ahí hice un clic profesionalmente. Me propuse pintar, pero en forma profesional, fue una decisión de vida”, sostuvo la artista, quien hoy además trabaja en una consultora.

Patricia está abocada en su profesión al diseño de paisajes urbanas en desarrollos inmobiliarios. Un costado que estuvo ausente durante cinco años, cuando perfeccionó el sumi-e. Los trazos precisos de la arquitectura, tal vez, le dieron una impronta profesional a sus cuadros, que asegura poder vender en el mundo, aunque no sea hoy su prioridad.

Una obra tiene que tener luz y amor. Esa es mi impronta de trabajo, si no, no habrá obra”.

Te puede interesar