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Casi matan a un chico ejemplar

El caso de Julián Sánchez, el defensor del Rojo baleado por motochorros, indigna y moviliza.

Cuando todos coinciden en destacar la calidad humana de alguien, no caben dudas de que se trata de una buena persona. Y en el mundo Independiente utilizan términos y expresiones como “pura bondad y humildad”, “no tiene maldad”, “buenazo”, “crack de tipo” para describir a Julián Sánchez, el joven jugador de la Primera del club baleado en las últimas horas por motochorros que pretendieron robarle la bicicleta mientras pedaleaba por esta capital.

Menos mal que se hizo justicia dentro de una gran injusticia y el disparo le dio en una pierna y no en su generoso y enorme corazón.

Y pensar que el lateral izquierdo se encontraba entrenando al aire libre ante la imposibilidad de practicar por la atinada medida (nobleza obliga) de cerrar los clubes ante el brote de pandemia. Pero la otra realidad también duele: que a plena luz del día se ponga en juego una vida por una bicicleta es un hecho que alarma y obliga a tomar nota.

Pasa en Neuquén, en Cipolletti y en todo el país. La crisis se acentuó por el coronavirus y es otro enemigo con el que hay que lidiar.

Pero también dentro de lo malo, un costado positivo. Y es cómo se movilizó toda la gente de Independiente y el ambiente del fútbol para ayudar al joven y a su familia.

El apoyo va desde la contención, lo económico (“lo que podamos juntar suma”) y también desde lo judicial, ya que “la idea es que esta locura no quede impune, están las cámaras, pedimos justicia”, declaró el entrenador del Rojo, Guillermo Doglioli.

Lo cierto es que un chico ejemplar casi muere de manera insólita. Ojalá que los responsables paguen y no se vuelve a repetir.

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