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Corría el año 2001 y por más de tres años, los argentinos y argentinas veníamos de soportar la recesión económica más prolongada de la historia de nuestro país. La pobreza había aumentado más del 12% durante ese año y el desempleo era récord, con tres de cada 10 trabajadores desempleados.
El gobierno de Fernando de la Rúa, que había asumido hace dos años, se enfrentaba con un dilema: una ley aprobada una década atrás (la convertibilidad), ataba el valor de la moneda argentina -el peso- al dólar, mientras que la demanda de billetes verdes había superado ampliamente la capacidad de nuestro país de generar esas divisas.
Con las reservas del Banco Central (BCRA) en caída, a mediados de 2001 De la Rúa pidió ayuda extra al Fondo Monetario Internacional (FMI), negociando una reestructura de la deuda.
Pero ante la creciente fuga de capitales y el descalabro económico, pocos meses después el FMI decidió suspender sus desembolsos, lo que provocó una corrida bancaria aún más masiva.
En diciembre de 2001 solo el 1% de las transacciones se realizaban a través de tarjetas de débito o crédito
Fue en este contexto que el 3 de diciembre De la Rúa firmó un decreto, ideado por su poderoso ministro de Economía, Domingo Cavallo -el "padre de la convertibilidad"-, para intentar frenar la sangría de dólares.
De la Rúa y Cavallo impusieron el "corralito" para evitar la caída del sistema financiero, pero desataron una crisis social, política e institucional. El "corralito" fue la gota que rebalsó el vaso para una población que llevaba años sufriendo.
Comenzaron a producirse estallidos sociales y saqueos. Cientos de personas se agolparon en las puertas de los bancos, golpeando sus cacerolas y reclamando que les devolvieran su dinero.
La tensión alcanzó su máximo el 19 de diciembre, cuando De la Rúa anunció por televisión el estado de sitio. Las fuerzas de seguridad respondieron con violencia. Entre el 19 y el 20 de diciembre murieron 39 personas en las manifestaciones.
Finalmente, De la Rúa huyó en helicóptero y presentó su renuncia, abriendo una crisis política e institucional que llevaría al nombramiento de cuatro presidentes en menos de dos semanas.
También llevó, a comienzos de 2002, al final de la paridad entre el dólar y el peso, y a la "pesificación" de los depósitos en dólares, lo que provocó una severa devaluación que hizo que se disparara la pobreza, que llegó a hundir a dos de cada tres argentinos.
En tanto, nuestro país también dejó de pagar su deuda externa, declarando lo que en ese momento fue el default más grande de la historia, de US$144.000 millones. La deuda externa es uno de los tantos problemas que entre otros, han causado las últimas crisis económicas de Argentina.
Diferencias y similitudes entre la crisis del 2001 y la situación actual
Similitudes
A ambas situaciones arribamos de modo similar. A través de un “ajuste tolerable” (o gradualista) basado en el endeudamiento externo; una vez agotado el crédito exterior, acudimos al FMI para obtener un crédito stand by; luego “reperfilamientos” por el ahogo financiero en el estábamos; y terminamos en un ajuste fenomenal y sin anestesia buscando el déficit cero, para finalmente terminar dependiendo únicamente de los “salvatajes” del FMI y acreedores en general, para no caer en default y de la tolerancia popular para sobrellevar la situación general.
Las etapas económicas de ambas situaciones críticas son idénticas. El diagnóstico en común es el mismo: el déficit fiscal es el principal problema económico. Resolverlo, entonces, permitiría mostrar “cierta responsabilidad” frente a los mercados para ganar su confianza. Por eso se recurre sistemáticamente a políticas de ajuste como único elemento de política económica.
Esta secuencia de ajuste/recesión/nuevos ajustes, genera –como no puede ser de otra manera— caídas del consumo, desempleo, suba de la pobreza, menores salarios, caída del PBI y demás padeceres. Pero lo más llamativo de todo, es que no sólo fracasan en el terreno fiscal y en la economía real, sino que sobre todo lo hacen donde más duele: en la confianza de los mercados.
Diferencias
Regía entonces, la conocida "convertibilidad", que hacía que el peso estuviera atado al dólar. Esto le quitó al gobierno de De la Rua todo poder de maniobra. Hoy el gobierno ya no tiene ese "corset" cambiario.
El sistema bancario estuvo en el centro de la crisis y fue el causante de gran parte problema que derivó en las protestas. Lo que disparó la ira fue lo que se conoció como el "corralito": una restricción sobre el retiro de dinero de las cuentas bancarias, que buscaba frenar una masiva fuga de capitales.
Los bancos tuvieron gran responsabilidad en la crisis económica porque otorgaron préstamos en dólares sin límites (cosa que hoy ya no pueden hacer).
En diciembre de 2001, los préstamos en dólares representaban el 83% de los depósitos bancarios. Hoy alcanzan un cuarto de esa cifra: 21% de los depósitos.
Más allá de los resultados de las urnas, Alberto Fernández cuenta con una importante herramienta que no tenía De la Rúa para evitar posibles estallidos sociales: el asistencialismo.
Lo cierto es que los planes sociales se convirtieron en un importante amortiguador de problemas al menos hasta ahora.
Otro índice que hoy está peor que cuando estalló la crisis del 2001 es el de la pobreza, en la actualidad afecta al 44% de la población, mientras que a finales de 2001 era un poco superior al 35%.
El alza de precios es quizás el factor más preocupante de la actual crisis económica, ya que ha contribuido a que millones de personas caigan por debajo de la línea de pobreza.
Se estima que 2021 terminará con una inflación muy por encima del 52%. Y los salarios han quedado muy rezagados. Sin embargo, la inflación no fue un factor relevante en la antesala de la crisis del 2001.
El desempleo, en cambio, sí fue un factor importante de esa crisis, ya que llegó a niveles récord en 2001. Dos meses antes de que renunciara De la Rúa alcanzaba al 28,3% de la población.
Hoy, si bien durante la pandemia ha ido en aumento, es mucho menor: 9.6%.
Por último, está el dato que más parece alarmar a quienes temen que Argentina caiga en un nuevo default -o cesación de pagos de la deuda externa-, como el que se declaró en 2001: el vertiginoso aumento del riesgo país.
En este contexto es entendible la preocupación. Sin embargo, el escenario sigue estando alejado del de 2001, cuando el riesgo país llegó a 5.500 puntos.
USO DE LAS CUASIMONEDAS EN ARGENTINA
Durante la crisis económica del 2001 una de las medidas más trascendentes fue la implementación de las “Cuasimonedas”, nombre que se le dio popularmente a los bonos emitidos por el gobierno de la Nación o por los gobiernos de cada provincia y que se incorporaron a la circulación monetaria junto al peso. Los Patacones y Lecop en Argentina fueron los más conocidos y recordados, pero la realidad es que en todo el país se pusieron en funcionamiento al menos diez tipos diferentes de bonos bajo diferentes nombres según la provincia que los emitía. Por ejemplo, en la provincia de Tucumán se implementaron los Bocade; en Formosa y en Entre Ríos los Federal; en Chaco los Quebracho, en Córdoba los Lecor; en Misiones los Cemis; en Mendoza los Petrom; y en Tierra del Fuego los Letras, entre algunos otros.
En ese entonces, un patacón o un lecop equivalían nominalmente a un peso convertible. En un principio, estos bonos se utilizaron para pagar salarios de la administración pública, cancelar las deudas del Estado con las provincias y otorgar subsidios estatales (como los Plan Jefes y Jefas de Hogar). Aunque enseguida comenzaron a circular en la economía de manera compulsiva, ya que como respuesta a la gran crisis económica, los comercios no tardaron en incluirlos como forma de pago, en la mayoría de los casos respetando su valor. Sin embargo, en cierto momento, también comenzaron a negociarse en el mercado a un valor menor al del peso, acercando su cotización al valor nominal a medida que se aproximaba su vencimiento.
El fin de estas cuasimonedas se dio en 2003, cuando debido a la eliminación de la Ley de Convertibilidad en Argentina, y dado que el Banco Central podía emitir Pesos sin el respaldo equivalente en dólares, el Gobierno Nacional puso en circulación mayor cantidad de moneda de curso legal, haciendo innecesario el uso de dichas cuasimonedas.
(*) Fernando Schpoliansky es Contador Publico y Posgrado en Economía Social. Actualmente es Secretario de Finanzas de la Municipalidad de Neuquén.