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Con la incertidumbre de no saber si continuarán trabajando y ante la necesidad de un ingreso para sus hogares, cinco empleadas de una panadería tomaron la decisión de instalarse en la puerta del local -hoy cerrado- y vender tortas fritas. La fidelidad de los clientes y conocidos motivó que en cuestión de minutos se vendiera todo.
Algunas de ellas cumplieron más de dos décadas en la panadería de la esquina de Rivadavia y Entre Ríos, cuyo propietario no les paga los salarios desde el inicio de la pandemia del coronavirus. Durante dos meses las trabajadores recibieron el pago del programa ATP de Nación del 40% de sus salarios, pero "nunca" recibieron la otra parte que debería haber pagado el empleador del comercio.
Giselle Soto, una de las damnificadas, contó a LM Neuquén que el empleador les pagaba por día y que desde el inicio de la cuarentena por el coronavirus el comercio cerró sus puertas sin confirmarle si sería para siempre.
"Al principio nos decía que esperemos que todo se normalice. Pero nos empezamos a alertar cuando al mismo tiempo los vecinos de la panadería nos mandaban mensajes que se estaban desmantelando el comercio", relató Soto.
Con el pasar de los días sin poder cobrar las trabajadoras se contactaron con el sindicato de panaderos desde donde lograron una audiencia en la subsecretaría de Trabajo. "Santarelli -el dueño- nos quería arreglar con 7 mil pesos cada una, por supuesto dijimos que no y él se enojó y después no apareció más", contó Giselle, que es madre soltera y vive con sus dos pequeños hijos.
Ante esta falta de pago es que se les ocurrió en la mañana del viernes realizar sus tradicionales tortas fritas y venderlas a sus clientes. "En un rato vendimos todo, les agradecemos mucho", dijo la mujer emocionada, quien además contó que con lo que vendieron compraron más harina para volver el próximo lunes.
"Tampoco recibimos el telegrama de despido que nos permitiría cobrar por desempleo. Estamos muy preocupadas y queremos trabajar", agregó Soto.
Todas las trabajadoras llevaron currículums a otras panaderías y también en otros rubros pero para todas siempre fue la misma respuesta: "Hay que esperar que pase la pandemia".
Lorena Cardoso trabajó en la panadería Santarelli durante 23 años y hoy después de tanto tiempo se encuentra en esta situación sin saber qué hacer.
"El dueño me había dicho que no tuviera miedo que unos nuevos dueños iban a comprar la panadería pero luego me dijeron que me querían tomar sin reconocerme la antigüedad. Me quiso ofrecer chauchas y no acepté porque me pareció injusto después de tantos años", destacó la mujer.