Una imagen que podría parecer surrealista para quienes guardan el recuerdo del drama de Chernobyl y de sus fatídicas consecuencias.
El 26 de abril de 1986 estalló el cuarto reactor de la central de Chernobyl en el norte de la república socialista soviética de Ucrania, extendiendo la contaminación a buena parte de Europa. En un radio de 10 km alrededor de la central, el nivel de radiación sigue alcanzando 1700 nanosieverts por hora, una cifra entre 10 y 35 veces superior a la norma observada en Estados Unidos.
Aunque según Vishnevski, que también es zoólogo, la presencia humana es mucho más nociva para los animales que las radiaciones.
La fauna de la zona tiene una esperanza de vida menor y una tasa de reproducción inferior a causa de los efectos de la radiación. Sin embargo, su número y variedad han aumentado a un ritmo inédito tras la caída de la Unión Soviética en 1991.
"Aquí la radiación está por todas partes, y eso tiene efectos negativos", recuerda Vishnevski. "Pero es menos significativo que la ausencia de intervención humana", añade. En los días posteriores a la explosión, más de 130.000 personas fueron evacuadas de la región, abandonando instalaciones que han quedado como congeladas en el tiempo. Poco después del desastre, unos 10 km2 de pinar que rodeaban la central quedaron destruidos por la absorción de un nivel alto de radiación, y los pájaros, roedores e insectos que vivían desaparecieron igualmente.