El punto más esperado de la misión- que lleva cuatro tripulantes marcará un récord de distancia este lunes, y una prueba crítica en pleno espacio profundo.
El sexto día de vuelo de la misión Artemis II llega a un momento histórico en la exploración espacial tripulada. La cápsula Orión, con cuatro astronautas a bordo, se prepara para atravesar la cara oculta de la Luna y registrar imágenes de regiones que ningún ser humano observó directamente.
El punto de inflexión está previsto para alrededor de las 19 horas de Argentina (22 GMT), cuando la nave realice su acercamiento más importante y se interne en la región lunar invisible desde la Tierra.
Se trata de un instante cargado de expectativa científica y simbólica, que vuelve a poner a la humanidad en una posición activa frente al espacio profundo.
La misión liderada por NASA alcanza una distancia inédita. Durante el sobrevuelo lunar, la nave se ubicará a unos 402.000 kilómetros de la Tierra, lo que convierte a su tripulación en los seres humanos que más lejos llegaron de su planeta. Este dato supera el registro histórico de Apollo 13 y redefine los límites de la exploración tripulada.
El punto más cercano a la Luna será de aproximadamente 6.500 kilómetros, una distancia que permite una observación detallada sin entrar en órbita. Este equilibrio entre cercanía y seguridad forma parte de una estrategia cuidadosamente diseñada.
Este lunes, alrededor de las 18 horas EDT de Florida y 22 GMT (19 hs de Argentina, 17 de Colombia y Perú, 16 de México) la cápsula Orión, con los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, se convertirá en la primera nave tripulada en más de 53 años en atravesar la región lunar invisible desde la Tierra, realizando observaciones directas y registrando imágenes de zonas nunca antes vistas por el ser humano.
Dentro de la cápsula Orión, el espacio reducido obliga a una coordinación precisa. Los astronautas ensayaron durante días el uso de cámaras con distintos lentes, preparados para capturar imágenes en condiciones cambiantes de luz. La variación del ángulo solar modifica por completo la percepción del relieve lunar.
Si la luz incide de forma lateral, las sombras largas resaltan cráteres y formaciones. Si el Sol se encuentra alto, la superficie se vuelve más plana visualmente, con menos contraste. Esta incertidumbre obliga a tomar decisiones en tiempo real.
Entre los objetivos principales aparecen estructuras como la cuenca Orientale y cráteres como Pierazzo y Ohm. Estas formaciones, apenas visibles desde telescopios terrestres, podrán ser registradas en detalle por primera vez desde una misión tripulada.
La Luna, vista desde la nave, tendrá el tamaño aparente de una pelota de básquet. Esa perspectiva permite combinar una visión global con capturas específicas de alta resolución, lo que amplía el valor científico del material obtenido.
Uno de los momentos más críticos ocurre durante el paso por la cara oculta. Durante 50 minutos, la nave pierde comunicación con la Tierra. Este silencio no es un problema, sino una prueba esencial para validar sistemas autónomos.
En ese lapso, la tripulación registra observaciones, toma imágenes y anota detalles sin asistencia desde el centro de control. Esta capacidad resulta fundamental para futuras misiones, especialmente aquellas que apunten a destinos más lejanos como Marte.
Además de las imágenes, los astronautas buscan observar fenómenos como el comportamiento del polvo lunar y la dinámica de las sombras. Estos datos pueden resultar clave para el diseño de futuras bases en la superficie del satélite.
La misión también incorpora una trayectoria denominada “free-return”, que permite rodear la Luna y regresar a la Tierra sin maniobras complejas. Este diseño mejora la seguridad y retoma principios utilizados en la era Apolo, adaptados a tecnología actual.