Gracias a las imágenes satelitales, los investigadores rastrearon casi 1.000 kilómetros cuadrados y hallaron al menos 260 estructuras imponentes y misteriosas.
Mediante Google Earth y otras herramientas de acceso abierto, investigadores descubrieron los restos de lo que parece ser una civilización perdida en el noroeste de África. Gracias a la teledetección satelital, los profesionales identificaron 260 estructuras circulares hasta ahora desconocidas en el desierto de Atbai, una región situada entre el Nilo y el mar Rojo, al este de Sudán.
El hallazgo, publicado recientemente en la revista African Archaeological Review, fue realizado por un equipo de investigadores de la Universidad Macquarie, la unidad de investigación HiSoMA de Francia y la Academia Polaca de Ciencias. Estos restos pertenecerían a una civilización pastoril de una antigüedad estimada entre 5.000 y 6.000 años, que floreció justo antes de la consolidación del Egipto faraónico.
Para el estudio, se analizaron minuciosamente imágenes satelitales tomadas a través de Google Earth, herramienta que permitió rastrear casi 1.000 kilómetros cuadrados de paisaje sin necesidad de realizar excavaciones directas sobre el terreno. Con este método de teledetección, los arqueólogos pudieron analizar un paisaje árido que, por su geografía remota y el actual contexto de inestabilidad política en Sudán, resulta casi inaccesible para los trabajos de campo tradicionales.
Según determinaron los científicos, estos monumentos de piedra, conocidos como “Atbai Enclosure Burials” (“entierros en recintos de Atbai”), son construcciones funerarias erigidas por tribus de pastores que recorrían el desierto con sus rebaños durante el cuarto y tercer milenio antes de nuestra era.
Además, por su imponente tamaño, se cree que también fueron utilizados como lugares de ceremonias y puntos de encuentro para tribus nómadas dedicadas a la ganadería.
En algunos casos con diámetros de hasta 80 metros, estas estructuras no solo sirvieron como espacios de enterramiento humano, sino que también albergaban restos de ganado vacuno, ovejas y cabras. Con frecuencia, los animales eran sepultados cerca de las tumbas humanas, situadas en el centro del círculo, lo que demuestra la relevancia que el ganado tenía para los pastores y el estrecho vínculo entre personas y animales.
“Tener grandes rebaños en aquella época podría haber sido una forma de ostentar una posesión valiosa y escasa, el equivalente a tener un Ferrari para un nómada prehistórico”, precisaron los responsables de la publicación, resaltando a los animales como símbolos fundamentales de estatus, valor económico y organización social.
Estas estructuras funerarias solían estar situadas cerca del agua, como antiguos lechos de ríos, charcas rocosas y fuentes estacionales, un indicativo de que su emplazamiento no fue azaroso, sino que los antiguos pastores escogían conscientemente los sitios más apropiados para construir sus monumentos.
Los científicos asocian el abandono de estos imponentes monumentos con el fin del Periodo Húmedo Africano, época en la que el Sáhara perdió sus pastos debido al retroceso de las lluvias, obligando a esta cultura olvidada a desplazarse hacia el río Nilo. En la actualidad, este legado se encuentra gravemente amenazado por la minería ilegal y el vandalismo, que provoca daños irreparables.
Dentro de los monumentos, los arqueólogos detectaron una disposición interna de las tumbas que demuestra una jerarquía. En varios de los recintos, los restos se encuentran organizados alrededor de un enterramiento central o focal, lo que sugiere la posible existencia de una élite o liderazgo tribal.
“La cuestión de cuándo los nómadas del Sahara se volvieron menos igualitarios atormentó a los arqueólogos durante décadas, pero la mayoría coincide en que fue alrededor de esta época del cuarto milenio a. C. cuando surgió una clase élite distintiva”, destacaron los investigadores.
La persistencia de esta cultura en la memoria del territorio es tal que muchos de estos recintos fueron reutilizados como cementerios por poblaciones posteriores, incluso hasta 4.000 años después de su construcción original.