El truco casero no requiere productos nuevos y se volvió popular en las redes como una solución simple y efectiva.
Las esponjas de lavar los platos dejaron de ser un objeto exclusivo de la cocina para transformarse en una aliada inesperada dentro del hogar. En los últimos años, distintos trucos caseros la ubicaron como una herramienta útil en tareas que exceden el lavado de utensilios.
Uno de los usos que más curiosidad despierta es su incorporación al lavarropas, una práctica simple que promete reducir residuos, proteger el electrodoméstico y mejorar el resultado del lavado.
Este método, cada vez más difundido, no requiere productos especiales ni modificaciones técnicas. Solo hace falta una esponja común y un gesto previo antes de poner en marcha el ciclo. La explicación detrás del truco se apoya en una característica clave del material: su estructura porosa.
Durante un lavado normal, la ropa libera pelusas, hilos y pelos, especialmente en el caso de prendas de algodón, toallas, mantas o ropa de mascotas. Estos residuos suelen quedar adheridos a otras prendas o terminar acumulados en el filtro del lavarropas, lo que con el tiempo afecta su funcionamiento.
La esponja actúa como un captor de residuos. Su superficie irregular funciona como un imán que atrapa los restos flotantes durante el movimiento del tambor. De esta manera, evita que las pelusas se redistribuyan entre la ropa o avancen hacia zonas sensibles del electrodoméstico.
El beneficio no se limita al aspecto visual de las prendas. Al reducir la cantidad de residuos sueltos, el lavarropas trabaja en mejores condiciones. Menos obstrucciones implican menor exigencia para el sistema de drenaje, algo que incide directamente en la vida útil del equipo.
El procedimiento resulta simple y no interfiere con el lavado habitual. Antes de iniciar el ciclo, se coloca una esponja de cocina limpia dentro del tambor, junto con la ropa. Luego, el lavado se realiza de forma normal, con el detergente y el programa elegido.
Conviene utilizar una esponja nueva o en buen estado, sin restos de grasa ni productos de limpieza. También se recomienda optar por modelos clásicos, sin superficies metálicas ni fibras abrasivas, para evitar daños en las prendas.
Una vez finalizado el lavado, la esponja suele aparecer cubierta de pelos y pelusas, lo que permite comprobar su función. Se puede enjuagar, dejar secar y reutilizar varias veces hasta que pierda eficacia. Este gesto mínimo puede marcar una diferencia visible, sobre todo en cargas con textiles que desprenden mucho residuo.
Más allá de este truco puntual, el mantenimiento del lavarropas cobra especial importancia durante el verano.
El aumento de sudor, arena, protector solar y humedad favorece la aparición de hongos y malos olores en el interior del equipo.
En esta época del año, la limpieza interna del lavarropas debería realizarse con mayor frecuencia. Una pauta razonable consiste en hacerlo cada 10 o 15 lavados, o al menos una vez por mes. El método más efectivo implica programar un ciclo con el tambor vacío y agua caliente, idealmente por encima de los 60 grados.