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Vida extraterrestre: un experimento mundial investiga 100 señales alienígenas

Se conocieron detalles de una importante investigación de la que participó gente de todo el mundo. ¿Estamos más cerca de detectar vida extraterrestre?

Un experimento mundial encontró 100 potenciales señales alienígenas. Durante más de dos décadas, usuarios de todo el planeta prestaron sus computadoras para analizar datos espaciales que hoy son analizados. La pregunta vuelve a instalarse con fuerza: ¿Estamos más cerca de detectar vida extraterrestre?

Tras más de dos décadas de trabajo colaborativo a escala global, el histórico proyecto SETI@home logró reducir un universo de 12.000 millones de señales de radio captadas desde el espacio a apenas 100 candidatas que ahora serán observadas nuevamente con el radiotelescopio más grande del planeta.

El trabajo permitió depurar una cantidad colosal de datos y delimitar un conjunto reducido de objetivos que merecen una segunda mirada con mayor sensibilidad.

Detrás del anuncio se encuentra una de las experiencias de ciencia distribuida más ambiciosas de la historia reciente. Entre 1999 y 2020, millones de personas cedieron la capacidad de procesamiento de sus computadoras personales para analizar datos astronómicos en busca de posibles tecnofirmas, es decir, señales que podrían haber sido producidas por una civilización tecnológica.

La respuesta todavía es incierta, pero el avance metodológico es concreto.

Qué fue SETI@home y cómo procesó el cielo

SETI@home nació en 1999 en la Universidad de California en Berkeley como un experimento pionero en computación distribuida aplicada a la astronomía. El funcionamiento era simple pero innovador para la época: los usuarios descargaban un software que analizaba pequeños fragmentos de datos registrados por el radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico.

NASA extraterrestres

La búsqueda de inteligencia extraterrestre se concentra ahora en 100 señales que serán analizadas con mayor sensibilidad.

Mientras Arecibo realizaba observaciones convencionales, el sistema examinaba de forma paralela las mismas señales de radio en busca de patrones inusuales. En pocos días, cientos de miles de personas de más de cien países se sumaron al proyecto. Un año después, la cifra superaba los dos millones de participantes.

Durante dos décadas, cada región del cielo visible desde Puerto Rico fue observada en múltiples oportunidades. El resultado fue monumental: 12.000 millones de detecciones, descritas como pulsos breves en frecuencias específicas provenientes de puntos concretos del firmamento.

El software descomponía esas señales y evaluaba posibles desplazamientos que indicaran que la fuente emisora estaba en movimiento, como ocurriría en un planeta en órbita. Para no descartar hipótesis prematuras, el sistema analizó decenas de miles de variaciones. Esa capacidad de cálculo solo fue posible gracias a la potencia combinada de millones de computadoras domésticas.

Del ruido cósmico a 100 candidatas

La mayoría de las detecciones no tenía origen extraterrestre. Las búsquedas de este tipo están expuestas a interferencias de radiofrecuencia generadas por satélites, transmisiones de radio y televisión, e incluso dispositivos electrónicos cotidianos. El gran desafío consistió en filtrar el ruido sin eliminar una señal genuina.

Tras años de análisis adicional, el equipo logró reducir el conjunto inicial a cerca de un millón de señales candidatas y luego a 100 objetivos que merecen una observación específica.

Para medir la eficacia de los algoritmos, los investigadores introdujeron miles de señales artificiales dentro del flujo de datos antes de aplicar los filtros. Sin conocer cuáles eran esas señales falsas, evaluaron cuántas podían recuperar y así estimaron la sensibilidad real del sistema.

Ahora, cada una de las 100 candidatas será observada durante aproximadamente 15 minutos con FAST, cuya área colectora supera ampliamente la del antiguo telescopio de Arecibo. Esa mayor sensibilidad permitirá comprobar si alguna emisión reaparece en el mismo punto del cielo y con características compatibles con una fuente no natural.

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Los datos obtenidos todavía deben analizarse en profundidad. Los responsables del proyecto señalan que no esperan encontrar una confirmación inequívoca, pero destacan que el proceso estableció un nuevo umbral de detección. En otras palabras, si en esas regiones existía una señal por encima de cierta potencia, el sistema habría podido registrarla.

La búsqueda continúa

Hasta el momento, ninguna señal puede atribuirse a una civilización extraterrestre. Si alguna de las 100 candidatas vuelve a detectarse bajo la observación de FAST, la comunidad científica concentrará radiotelescopios y otros instrumentos en esa zona para verificarla en distintas frecuencias.

Si ninguna reaparece, el trabajo igual habrá producido resultados relevantes: delimitar con mayor precisión qué tipos de emisiones no están presentes en esas regiones y mejorar los métodos de filtrado para futuras búsquedas.

SETI —sigla de Search for Extraterrestrial Intelligence— no se limita a un único proyecto ni a un observatorio específico. Agrupa distintos programas que buscan identificar tecnofirmas, como señales de radio concentradas en frecuencias particulares o patrones que no encajen con procesos naturales conocidos.

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