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Después de veinte años se despide 'Rincón de Ocio', la juguetería ubicada en la icónica esquina de Alcorta y Leguizamón, el lugar donde los peluches gigantes decoraban las vidrieras, y donde los vecinos llevaban donaciones para repartir en los merenderos de Neuquén.
Francisco y Cristina transitan los últimos días en el comercio que les permitió adaptarse a la ciudad que los adoptó desde 1998, cuando dejaron su Bariloche natal para comenzar una nueva vida en el lugar que eligieron como su hogar, en busca de nuevos horizontes y un mejor porvenir. “Nuestros hijos crecieron acá y el más chico nació cuando ya estamos atendiendo, durmió acá en su moisés mientras atendíamos a los clientes”, rememoró Cristina.
Pese a la nostalgia que implica dar este cierre a una etapa, que marcó más de la mitad de sus vidas, la pandemia -que obligó a mantener las puertas cerradas durante casi medio año- sumado a problemas de salud, tomaron la decisión de bajar las persianas del popular 'Rincón de Ocio' y dejar el futuro abierto a nuevas opciones.
“No sabemos que vamos a hacer, no tenemos plan B, pero no podemos seguir sosteniendo la misma atención, ni la misma calidad de productos. Además, tenemos que priorizar la salud que está pasando factura”, confió Francisco en diálogo con LM Neuquén.
Dejar este lugar al que dedicaron más de dos décadas de sus vidas y donde transitaron una importante etapa de sus vidas, tiene un sabor agridulce. “Acá crecimos como seres humanos, no se trataba solo de una transacción comercial, charlábamos con los clientes, creábamos un vínculo y eso los hacia volver, por eso nuestra clientela es tan fiel y nosotros le somos fiel a ellos. Somos malísimos como comerciantes”, contó Cristina.
Esos rincones llenos de recuerdos comenzaron a quedar libres de los peluches gigantes que lo caracterizaron tanto tiempo. “Hoy se fue el último peluche gigante. Vender peluches es vender sentimientos, porque las personas expresan lo que sienten en estos regalos”, aseguró Francisco mientras recibía clientes motivados por el letrero de “cierre definitivo”.
Después de semanas de promociones y descuentos, el 31 de diciembre la familia cerrará definitivamente sus puertas con la certeza de haber dejado una huella en la comunidad que los abrazó dos décadas.
Durante una fría madrugada de abril del 2015, Francisco y Cristina recibieron una llamada sumamente alarmante: tres personas habían roto una vidriera y entraron a robar. Ante la alarma, presuroso llegó un patrullero y detuvieron a los delincuentes.
En pocos minutos el matrimonio arribó al lugar, donde notaron los destrozos en la vitrina, tres niños contra el móvil policial y algunos peluches esparcidos. "Lo que yo vi fueron tres criaturas temblando de miedo y, en ese momento, vi como quedaba desnuda la vulnerabilidad en la que viven tantos chicos en nuestra ciudad", recordó el comerciante.
En ese momento, tomaron la radical decisión de no realizar la denuncia y regalarle los peluches que intentaron llevarse. "Eran tres criaturas, dos nenas de quince años y un nene de diez, cómo iba a hacer la denuncia", rememoró el hombre.
Una vez hecho pública su decisión y que lo motivó, Francisco decidió contribuir de alguna forma a todas esas personas que se encontraban en situaciones de vulnerabilidad social. Fue entonces que ese mismo día comenzó a juntar ropa y juguetes para distribuir en los merenderos que ayudan a familias necesitadas.
"Todavía estaba roto el vidrio y la gente ya había empezado a traer donaciones. Quienes no traían cosas, venían a ayudar a lavar los juguetes y la ropa. Juntamos una habitación entera de donaciones", aseveró.
Ese fue el inicio de un camino del que nunca se apartarían, una movida solidaria al que bautizaron como "Un amigo para un amiguito". Contó que "los nenes donaban juguetes con cartitas 'espero que seas tan feliz con este juguete como lo fui yo cuando jugaba' decía una de las notitas que más me emocionó".
Tras seis años repartiendo ropa y juguetes en salitas y merenderos, el pasado miércoles se realizó la última donación. "Fue una despedida, seguiremos contribuyendo, pero de otra forma, espero que esto pueda ayudarlos", comentó el hombre sobre la movida solidaria.
Finalmente, y a pocos días del cierre definitivo de ese emprendimiento comercial que comenzaron hace dos décadas, Francisco dio las "gracias infinitas a quienes siempre nos acompañaron. Nos vamos muy agradecidos con nuestros clientes y con la sociedad. GRACIAS, así en grandote", concluyó.