ver más

Cigarrillo electrónico: los vapeadores pasivos sufren daños

Aunque no lo uses, podés estar expuesto a sustancias cancerígenas.

Buenos Aires

La polémica por el uso del cigarrillo electrónico está lejos de terminar. Si bien en Argentina su venta está prohibida, se lo suele vender en internet o lo traen del exterior. Y cada vez más científicos y personas ligadas al sector de la salud cuestionan su uso al ser un dispositivo que utiliza líquidos con o sin nicotina, saborizantes y otras sustancias químicas que el calor convierte en el aerosol que se inhala.

El año pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) había advertido de sus peligros al afirmar en un comunicado: “Las pruebas existentes demuestran que los cigarrillos electrónicos no son solo vapor de agua. Su uso plantea graves amenazas para los adolescentes y los fetos”. Aunque el vapor emitido por estos dispositivos es mucho menos tóxico que el humo derivado de la combustión del tabaco, en determinadas circunstancias puede poner en riesgo la salud de los usuarios y, también, de quienes se exponen a él de segunda mano. Así lo comprobaron científicos argentinos, quienes aportaron una prueba del daño causado a los “vapeadores” pasivos.

Para arribar a estas conclusiones, los investigadores del CONICET se basaron en un estudio previo de 2016 que identificó 30 compuestos en los aerosoles de los cigarrillos electrónicos empleando técnicas de cromatografía. Algunos de ellos son potencialmente dañinos porque irritan el sistema respiratorio (acroleína, formaldehído y diacetilo) y/o son carcinogénicos (formaldehído y benceno).

En el nuevo estudio, los científicos simularon la inhalación de los “vapeadores” y determinaron los niveles de compuestos presentes en el vapor. Así, comprobaron que en el caso de una persona que consuma grandes cantidades de cigarrillo electrónico (250 pitadas por día) puede exceder los niveles máximos recomendados por agencias de protección laboral y organismos de salud para formaldehído, acroleína y diacetilo.

En otras palabras, “ponen en riesgo su salud”, resumió Hugo Destaillats, doctor en química por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA e investigador del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley de la Universidad de California, en Estados Unidos.

Pero, en lo que resulta incluso más inquietante, el estudio comprobó que aquellos que no son usuarios de estos cigarrillos también pueden exponerse a niveles riesgosos de toxinas. En particular cuando los investigadores simularon un escenario en el que una persona se expone a los vapores exhalados en un bar (o lugares con alta concentración de usuarios) donde confluyen muchos “vapeadores” a la vez. “Observamos que tanto el formaldehído como la acroleína excedían los niveles máximos recomendados después de ocho horas de exposición y, en algunos casos, después de sólo una hora”, destacó Destaillats, para quien esas concentraciones pueden causar (como mínimo) irritación respiratoria.

En cambio, a diferencia de lo que ocurre con los cigarrillos convencionales, los autores constataron que (salvo casos extremos) no se alcanzan esos umbrales de peligro para compuestos nocivos al recrear la situación de un hogar.

En cualquiera de los casos, el trabajo estableció que existe un amplio rango de valores de los compuestos tóxicos según las condiciones usadas al emplear los cigarrillos electrónicos. Y que el usuario informado podría minimizar los efectos negativos eligiendo vaporizadores y voltajes apropiados.

Debate

Unos lo permiten, otros lo prohíben

En un número de países, entre ellos el Reino Unido, las autoridades consideran al cigarrillo electrónico como otra forma más de asistencia para terminar con el tabaquismo, equivalente a los chicles y parches transdérmicos que también contienen nicotina. Pero en Estados Unidos y en la Unión Europea los gobiernos ponen énfasis en la protección de los menores de edad y en las restricciones a la venta y publicidad.

Te puede interesar