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Coco Sily: “Yo no soy machista, soy antiboludos”

El actor y conductor habla de su humor, de su llegada a la gente y de su amistad con su coequiper en TV, Alejandro Fantino.

Lejos de ser un recién llegado, Fernando “Coco” Sily lleva toda su vida adulta en los medios argentinos. “Nunca trabajé de otra cosa”, dice el actor, productor y conductor que cada noche desde hace seis años acompaña a su amigo Alejandro Fantino en Animales sueltos, un programa  insignia de América, y que va por la quinta temporada de su unipersonal La cátedra del macho argentino –tres de la 1 y dos de la 2- y por la tercera en Radio Pop.


Su curriculum es ecléctico: desde bolos y guiones para Tato Bores, actuación con Antonio Gasalla y un enfermero gay en 099 Central hasta la voz de la primera versión del juego de Susana Giménez "El imbatible", más radio y teatro -en Argentina y en España-. “La verdad es que, sin querer agrandarme, siento que estoy en el mejor momento. Todo lo que hago me encanta y parece que a la gente también le gusta”, cuenta.


En tiempos de veganos, modernos e igualdad de géneros, ¿Qué te parece que es lo que convoca de tu humor?
Creo que si bien hay algunas modas, son más bien de ciertos grupos, pero que en lo esencial seguimos siendo los mismos de siempre. Y, por otro lado, lo que yo hago es humor. Entonces, uno puede reírse de muchas cosas y eso no significa que sea exactamente así. El humor se hace en los extremos y no es políticamente correcto. Si no, no se reiría nadie. Creo que he logrado una empatía con el público, una identificación en la defensa de ciertos códigos muy nuestros.


¿De dónde te nutrís para no alejarte de ese sentir popular?
De la calle. Yo fui siempre un tipo de la calle, del boliche, de la cancha. Y lo sigo siendo: viajo en subte, voy a buscar a mis hijos al colegio, voy a ver a Huracán… (hace un silencio). Y charlo con todo el que se me acerca. A mí las personas no me vienen a saludar y me dicen: “Coco, respeto su trabajo”. No, a mí me dicen: “Hola, gordo”, “¿Qué hacés, papá?”. Y eso es porque no me ven con la distancia con la que se mira a los actores, sino que me reconocen como un tipo común. Eso para mí es un termómetro de que voy bien.


¿De qué cosas te reís vos?
De muchas. Me río bastante por suerte. Pero creo que lo que más me hace reír es la sorpresa, la respuesta que te descoloca, lo que no te esperás. La gente graciosa es la gente espontánea, que no tiene la respuesta de manual. Y si hay algo que me conmueve hasta la risa son las buenas anécdotas bien contadas. Ese es un don que admiro y por eso me fascina ir a comer con tipos como Guillermo Francella o (Gabriel) Goity, que son grandes contadores de anécdotas. El absurdo también me hace reír mucho. Creo que no hay que ser muy rebuscado, el humor es simple.


Quedaste estereotipado como el más machista y conservador. ¿Sos tan así en realidad?
No. Si bien lo que hago tiene esencialmente que ver conmigo, como decía antes, es una exageración. Claro que, si me hacen un análisis literal de lo que digo, estoy en el horno. Pero el 90 por ciento de la gente se da cuenta de que yo no pienso así y que se trata de hacer reír. Y bueno, hay un 10 por ciento de boludos. La cátedra del macho no es ni machista ni “mataputos”. De hecho, muchos homosexuales pertenecen perfectamente a la cátedra.


¿Es más una pelea contra los “modernos” la tuya?
Sin duda. Los grandes enemigos de “la cátedra” son la modernidad, el metrosexualismo y la falta de códigos. La guerra es contra el colchón de verdes en lugar de la ensalada de lechuga, contra el soufflé de carne en lugar del pastel de papas, contra los tipos que se depilan las piernas y el pecho… Dejémonos de joder. Eso es lo que a mí me molesta. No voy a empezar a decir que tengo amigos gays o que voy a la marcha del orgullo gay, porque no quiero usar eso para explicar que no soy antigays en absoluto. El problema es la mariconada moderna, que es otra cosa.


El otro día tuvieron un rating bajo en Animales sueltos y Fantino te dijo: “Coco, si ves que me estoy hundiendo, salvame a tiempo”… ¿Lo ves sufriendo el rating y este éxito que lo acompaña en los últimos años?
No. Es el comentario de un amigo a un amigo. Inevitablemente, la televisión te mete una presión y entrás en un juego de rating que hay que saber llevar y manejar… Pero él está muy tranquilo. Él tiene muchos años de televisión.


¿Sigue siendo el mismo de siempre?
Sí, totalmente. Es el mismo tipazo con los pies en la tierra y buen amigo. El día que Huracán descendió me vio que estaba hecho pelota y él, que estaba con su mujer, me dijo: 'No te voy a dejar ir así, nos vamos a comer los tres'. Y me hizo cagar de risa hasta las 6 de la mañana. Es el mismo de siempre.
 

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