Se calcula que alrededor del 3% de la población sufre algún tipo de conducta repetitiva orientada o centrada en el cuerpo, un tipo de trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) que provoca autolesiones físicas. Las más habituales son la tricotilomanía -tirarse del pelo-, la onicofagia -morderse las uñas- y la dermatilomanía -pellizcarse la piel-. Aunque todas constituyen comportamientos habituales, dejan de serlo cuando se pierde el control sobre ellas.
Morderse las uñas es la más común, puede llegar al 60% de la población en determinados grupos etarios, seguida por la excoriación -irritaciones cutáneas por rozamiento-, que puede llegar al 5%, y la tricotilomanía, que roza el 3%.
Cada vez que la persona siente tensión o emociones negativas, recurre a estas conductas para tratar de controlarlo, sin éxito.
“Estas conductas suelen servir para aliviar a corto plazo el malestar o la tensión emocional que la persona pueda estar sintiendo. Sin embargo, a largo plazo, lo único que hace es aumentarlo”, explica la psicóloga María Súnico. Generalmente, se producen de forma concomitante a un trastorno emocional como el estrés, la ansiedad o la depresión. Quienes las padecen, acuden a las consultas psicológicas por estos motivos, ya que “no suelen ser conscientes de que este tipo de autolesiones pueden ser motivo de atención clínica por sí mismos”, puntualiza la especialista.