Ventaja: Los sueños lúcidos ayudan a solucionar problemas y estimulan la creatividad.
Los sueños lúcidos son aquellos sueños en los que sabemos que estamos soñando mientras vivimos la experiencia. Ser conscientes de esto nos permite actuar deliberadamente explorando todo el potencial de nuestra fantasía onírica decidiendo el guión y las reglas del juego.
La mayoría de los sueños lúcidos suceden en la etapa de sueño paradójico o REM, fase en la que los ojos se mueven rápidamente y en la que el individuo está más relajado, aunque es relativamente fácil despertarlo. De esa contradicción, precisamente surge el nombre. Esta fase del sueño comienza normalmente 90 minutos después de quedarnos dormidos. Sus características son: respiración rápida y superficial, discreta aceleración del ritmo cardiaco, excitación sexual y ensoñación. Aquellos soñantes que quieran controlar no sólo sus acciones, sino también el contenido y desarrollo de los sueños deben tratar de despertarse durante esta fase y volver a dormirse inmediatamente.
Cuestión de aprendizaje
Los expertos en el sueño lúcido sugieren varias formas para encauzar nuestras aventuras oníricas. Una de ellas es llevar un diario de sueños: escribir o registrar de algún modo todo aquello que se nos cruce por la cabeza apenas despertamos. La meditación también ayuda como método para tener un sueño lúcido. Sin embargo, los sueños inducidos que se inician así son más difíciles de manejar que aquellos que se vuelven lúcidos cuando ya se está dormido.
Algunos especialistas recomiendan la técnica MILD (Mnemonic Induced Lucid Dream), que conduce al sueño lúcido mediante la inducción mnemónica, repitiendo frases clave, como "voy a controlar mi sueño". Otra técnica es reconocer señales personales del sueño. El psicólogo Ian Wallace propone buscar pistas, identificarlas y tomar posesión de ellas. "Si soñás que podés volar e identificaste esa capacidad, el paso siguiente es escoger el destino y la mejor ruta", explicó.
Otra opción es volver a dormir inmediatamente después de despertarnos, concentrándonos en la situación que estábamos experimentando. Esto también es aplicable a cuando, por alguna emoción, el sueño comienza a desvanecerse. En ese caso lo que hay que hacer es retomar la escena en la que el sueño se volvió inestable, reconstruirla y prolongarla.
Los primeros abordajes
En 1867, Léon d'Hervey de Saint-Denys escribió Los sueños y los medios para dirigirlos, libro en el que planteó la posibilidad de que los sueños lúcidos fueran una habilidad capaz de ser aprendida y ejercitada por cualquier persona. Antes, en el siglo VIII, los monjes tibetanos practicaban "el yoga del sueño", que consistía en mantenerse conscientes en la etapa de ensoñación. El término "sueño lúcido" fue introducido en 1913 por el danés Frederik van Eeden en su libro Un estudio de los sueños, pero fue recién en la década del 70 cuando la ciencia reconoció el fenómeno como válido o digno de estudio.
Lúcidos, creativos y famosos
Salvador Dalí, el maestro de lo surreal, usaba la técnica "incubación de sueños" para crear de antemano un itinerario onírico. La fantasía realizada en El laberinto del fauno por el cineasta Guillermo del Toro, soñador lúcido desde su niñez, brotó de su almohada. A su vez, el inventor estadounidense Elias Howe recurrió a sus sueños para encontrar un procedimiento que le permitió crear una máquina de coser. Asimismo, Nikola Tesla, ingeniero eléctrico y físico, tenía unos poderes increíbles de visualización que usaba tanto despierto como dormido. Tesla aseguraba que durante sus sueños además de viajar, podía hacer experimentos.