La previa del público
Como en los demás recitales que brindó a lo largo del año, en Jesús María, Tandil y San Luis, los seguidores de Solari no dudan en viajar desde los más diversos puntos del país para ser parte de una nueva “Misa india”. Desde varios días previos al recital, los campings de La Plata recibieron las coloridas carpas de fans redondos de todo el país. San Luis, Córdoba, Tandil, Mar del Plata fueron algunos de los que dijeron presente a través de sus banderas. La presencia de más 100 mil almas, en los dos recitales, ratifica el lugar preponderante que Solari tiene en el nivel de convocatoria, pero también la vigencia del mito ricotero, que también se hizo presente en los cánticos de la gente.
Las antaño «huestes ricoteras» asistieron masivamente a la cita con Solari, con sus respectivas remeras y banderas identificatorias, y entonando los infaltables cantitos que trasforman a cada encuentro con el ídolo en algo muy parecido a la previa de un partido de fútbol. Es innegable que los conciertos del ex líder ricotero trascienden el hecho meramente musical para convertirse en un evento social de características únicas y singulares. Por otro lado, el cierre del año en tierra platense no sólo contó con el condimento de la presencia de Calamaro, sino que haya sido tal vez la última presentación del músico por tiempo indeterminado, ya que el próximo año, luego de alcanzar su sexta década de vida, el Indio planearía volver a estudio para grabar su nuevo disco.
Crónica de un encuentro inolvidable
Enfundado en una camisa naranja, pantalones negros y los infaltables lentes oscuros, Solari desembarcó el pasado sábado en el escenario del Estadio Único para presentar “Porco Rex”. Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado lo secundaron: Baltasar Comotto y Gaspar Benegas en guitarras, Marcelo Torres en bajo, Hernán Aramberri en batería, Alejo Von Der Pahlen en saxo y Ervin Stutz en trompeta. Además de Calamaro, entre los invitados que desfilaron durante la velada estuvieron Martín Carrizo (batería y percusión) y Debora Dixon y Luciana Palacios (coros). El Indio eligió tres canciones de su último disco para abrir la serie, “Porco Rex”, “Pedía siempre temas en las radio” y “Ramas Desnuda”. La respuesta del público, que cantó los temas a la par del ídolo, fue una clara muestra de que se ha adaptado al nuevo material. Sin embargo, el estallido se produjo cuando Solari dijo “sé que hace calor pero nos va a hacer bien saltar un poco” y comenzó con los clásicos ricoteros “Me matan Limón”, “Rock para el Negro Atila” y “Divina Tv Fuhrer” que hicieron sacudir el estadio. Luego sonaron “Pabellón Séptimo” de “Bingo Fuel” y “Bebamos de las copas lindas”, de Porco Rex, que fueron efectivas a la hora de aquietar al público que hasta el momento se había desatado en un pogo interminable. Pero la locura volvió a despertar a sus seguidores, cuando Solari replicó con poderosas versiones de “Ella debe estar tan linda”, “Nadie es perfecto”, “Ñam fri fru fi”, tres inoxidables himnos ricoteros.
El primer invitado en subir a escena fue el baterista Martín Carrizo, quien ha tenido la oportunidad de unir tres aristas del rock nacional, ya que trabajó con Gustavo Cerati en la etapa “Bocanada”, con Walter Giardino en Temple, y tocó en algunas canciones de “Porco Rex”. Carrizo le dio color a “Por qué será que no me quiere Dios”.
Finalmente llegó el turno de Calamaro, bajo la advertencia del Indio a su público de que lo trataran bien. Con Carrizo en batería, Solari y Calamaro se despacharon con “Veneno paciente”, que cantaron juntos en el disco de Solari, y luego entregaron una versión antológica de “Esa estrella era mi lujo”. El final de la participación de Calamaro fue con “El Salmón”, que el Indio había versionado en un disco homenaje y coronó con un: “Los artistas populares no son nuestros enemigos”, a manera de reto a la ortodoxia ricotera que silbó tibiamente a Calamaro.
Solari, nuevamente solo sobre el escenario, cerró la noche con “Mariposa Pontiac”, “Un ángel para tu soledad” y guardó un lugar especial para “Juguetes perdidos” y “Flight 956”. El final definitivo fue inevitablemente de la mano de “Ji Ji Ji”, que ratificó la vigencia del pogo del Indio y sus seguidores como “el más grande del mundo”.