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El presidente de Tanzania, John Magufuli, es un dirigente peculiar. Apodado Tingatinga, se hizo popular por su lucha contra la corrupción desde que accedió a la presidencia, vía elecciones, en el 2015. Pero se ganó las críticas por su autoritarismo. Y sus salidas de tono. La última: atribuir al rezo de los tanzanos la disminución de los casos de COVID-19 en el país africano; una práctica que él mismo ha promovido como medida contra la pandemia.
Y para refrendar esa ayuda divina, Magufuli citó las cifras de disminución de positivos en algunos hospitales de Tanzania: en el de Amana, en la capital financiera de Dar es Salam, han pasado de 198 casos positivos a 12 este domingo. En el de Lulanzi, en la costa, han bajado de 50 a 22. Pero el ejemplo más sorprendente de su peculiar modo de luchar contra la pandemia lo puso en unos de sus propios hijos, que según el presidente se habría curado aisándose y tomando remedios caseros: "Se aisló en una habitación y se trató bebiendo limón y jengibre. Está bien ahora y está haciendo flexiones", comentó el presidente tanzano.
Oficialmente, Tanzania, con 56 millones de habitantes, sólo ha registrado 480 positivos y 16 muertos al 29 de abril, el último día que se actualizó el recuento. Según la universidad Johns Hopkins, actualmente habría 509 contagios y 21 fallecidos. Sin embargo, sólo se han realizado 652 test en todo el país.
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