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Pablo Montanaro
montanarop@lmneuquen.com.ar
Neuquén.- Más del 60 por ciento de las personas que se encuentran detenidas en las cárceles de la provincia estudia en los niveles primario, secundario y universitario. Según los datos brindados a LM Neuquén por la Dirección General Modalidad en Contexto de Privación de la Libertad, de las 910 personas alojadas en las doce cárceles de la provincia, 279 cursan el nivel primario, 274 hacen el secundario y 35 siguen una carrera universitaria, lo que representa que el 64,61% de las personas privadas de la libertad estudia.
Los beneficios en la reducción de las penas, en caso de cumplimentar los distintos niveles de estudio, es una de las motivaciones principales por las cuales los alojados en las unidades penitenciarias de la provincia deciden volcarse a cursar. También comienzan a estudiar por fines utilitarios, como salir del pabellón y tener un mejor concepto ante las autoridades del servicio penitenciario.
El artículo 140 de la ley 24.660 establece que la progresividad del sistema penitenciario se reducirá para aquellos internos que completen y aprueben en forma total o parcial sus estudios, sean primarios, secundarios, terciarios, universitarios, de posgrado o de formación profesional. La normativa dispone que se les reducirá un mes la pena por ciclo lectivo anual, dos por curso de formación profesional anual o equivalente, la misma cantidad por estudios primarios, tres por secundario y terciario, cuatro por universitario y dos por cursos de posgrado. Estos plazos son acumulativos hasta un máximo de 20 meses.
Las clases se imparten en las unidades penitenciarias de Neuquén capital (U9, U11, U12 y U16), Cutral Co (21 y 22), Zapala (31), Junín de los Andes (41), San Martín de los Andes (Comisaría 43), Chos Malal (51) y Senillosa.
Las de Senillosa, la U9 y la U11 son las que poseen la mayor cantidad de alumnos en primario y secundario. En Senillosa, 108 detenidos hacen la primaria y 72 la secundaria; en tanto, en la U9 son 78 y 60, y en la U11, 50 y 54, respectivamente. En la U16, donde se encuentran alojadas las mujeres, sólo dos hacen la primaria y secundaria.
Además, la oferta educativa se completa con cursos de formación profesional para la adquisición de conocimientos en oficios, y de estético-expresivo, que incluye plástica, música y educación física en todas las unidades de detención.
Marcos Torrecilla, director de la Modalidad en Contexto de Privación de la Libertad, sostuvo que la política educativa que sostiene el Consejo Provincial de Educación a través de la modalidad de educación en las cárceles hace foco en el carácter “emancipador del acto educativo” y no en supuestas características “del sujeto a educar”.
Explicó que “se apunta a sostener la educación como un derecho humano inalienable y no como un proceso o herramienta de un tratamiento terapéutico penitenciario”. Señaló que esta lógica educativa se encuentra “desmarcada del ideal correctivo, desarrollando acciones que se alejen de cualquier intención disciplinaria”.
La mayoría de las personas (279) alojadas en las unidades penitenciarias de la provincia hacen el primario y 274 van por el secundario.
“Estudiar nos favorece para adelantar nuestra libertad o salidas transitorias”
Gracias al estímulo educativo de la ley 24.660, este año A.S. egresa del secundario y quedará en libertad. A los 18 años ingresó a la cárcel y en ese momento decidió empezar tercer grado, hasta que logró terminar séptimo. “Egresé, empecé primer año y ahora estoy en tercer año y termino el secundario”, explica.
Sobre la ley que otorga beneficios a los presos que cumplimentan sus estudios, A.S. señala que la usan la mayoría de los chicos que están privados de la libertad. “La usan también para salir de los pabellones gracias a los profesores que nos dan esta oportunidad de salir para darnos clases”, cuenta.
En el marco de un trabajo de la materia Expresión Oral y Escrita, los alumnos de la unidad penitenciaria producirán un libro artesanal en el que contarán sus vivencias. A.S. se entusiasma con este proyecto porque le gustaría darles un mensaje a los adolescentes “para que no caigan en esto porque, si caen, van a pasar cosas malas. No se aprende nada bueno acá adentro, y no se va a seguir aprendiendo nada bueno como siguen las cárceles hoy en día. Contaría mi historia a cualquier persona, porque nadie está exento de estar detenido”.
“Gracias a esta educación en contexto de encierro, podemos ocupar el tiempo que nos toca estar en este lugar en algo productivo, y así también poder favorecernos con reducciones de meses que nos adelantan nuestros beneficios a la libertad o a salidas transitorias”, explica H.G., quien espera completar sus estudios primarios en la unidad penitenciaria donde cumple una condena.
Agradece poder asistir a clases porque es el lugar donde se pueden expresar libremente. “Estamos privados de la libertad pero no de nuestros derechos. Tenemos derechos a estudiar, a poder hablar”, asegura.
“Los que estudian piensan la escuela como un espacio de libertad”
Helga Rostan, directora Centro Educativo Provincial Integral (CEPI)
¿Cuáles son los motivos por los que las personas privadas de la libertad deciden estudiar?
En un principio, las motivaciones eran salir un poco del espacio del pabellón y con reglas diferentes. De alguna manera piensan la escuela como un espacio de libertad y utilizar el tiempo de otra manera.
¿Tienen algún beneficio en el caso de que completen sus estudios?
En el 2011 se sanciona la ley nacional 26.695 que en su artículo 140 fija una serie de beneficios, entre ellos la reducción de la condena, para aquellas personas detenidas que completen sus estudios en los distintos niveles. Muchos señalan que asisten a clases por este beneficio.
¿Saber que estudian con el solo objetivo de lograr una reducción de condena no le genera una contradicción a la tarea docente?
No podemos eludir que al lograr concluir sus estudios eso le genera un beneficio. Pero no perdemos el eje sobre cuál es nuestra finalidad como educadores y pensar la educación como un derecho que tiene la persona que no ha tenido ese derecho en otra oportunidad de su vida.
¿La educación en las cárceles ayuda a bajar la reincidencia?
Sin duda. Existe un cambio en la persona que ingresa por primera vez a una unidad penitenciaria sin ninguna base de estudios y que al cumplir su condena se va con una formación educativa, sea primaria, secundaria o universitaria.
Hay estudios que señalan que la tasa de reincidencia de los presos que estudian una carrera en prisión es casi tres veces más baja que la de los presos que no lo hacen. La mayoría no vuelve a delinquir. Eso no implica que tengamos estudiantes que vuelven a ingresar a una unidad penitenciaria porque la realidad de la sociedad les pegó mucho. Consideramos que si no existiese el derecho a estudiar en las cárceles, el resultado sería personas que terminan una condena y quedan peor que como entraron.
Condenado a 20 años hace 4 carreras universitarias
“Me gusta caminar por la universidad, me siento bien. El contexto de encierro es algo antinatural, está comprobado que no sirve para nada”, comenta Jorge Jorajuría a LM Neuquén, minutos antes de ingresar a una de las aulas de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) donde cursa el profesorado de Historia, una de las cuatro carreras que decidió emprender hace siete años, cuando se creó en la U11 el aula universitaria.
En diciembre de 2007, la Cámara en lo Criminal Segunda lo condenó a 20 años de prisión por el asesinato del comerciante neuquino Julio Venegas, ocurrido en octubre del año anterior.
Desde entonces, Jorajuría aprovechó el tiempo de encierro en la U11 para estudiar. “En un contexto de encierro, uno busca una forma de escape, y una es el estudio”, explica quien en la actualidad además del profesorado de Historia, cursa las licenciaturas en Historia y en Turismo y la tecnicatura en Empresas de Servicios Turísticos.
A los 52 años, cuenta que en 2010 junto a otros presos armaron en la U11 el pabellón universitario y destaca la labor de Carlos Rocha, coordinador del nivel universitario. De lunes a jueves deja atrás los gruesos barrotes de la U11 y se toma el colectivo hasta la UNCo. “Antes venía a cursar o rendir con custodia policial, con un tutor, ahora como tengo el beneficio de la salida transitoria lo hago sólo bajo palabra de honor. Es como un período de confianza”, describe.
Sostiene que el estudio es “la única manera de superarte, no reformándote. La cultura la considero que sirve mucho más para la reinserción, es una mentira que te tienen que reinsertar, no te tienen que resocializar”.
Dice que las metas son fundamentales para alguien que está en la situación que él transita desde hace diez años. “La primera meta que tenés es que se haga justicia, después cuando estás encerrado te embarga una situación de bronca, la gente dice que tenemos que morirnos en la cárcel. Debemos buscar una salida como estudiar”, sostiene quien en un futuro se ve encarando proyectos “para ayudar a los chicos en contexto de encierro”.