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Construir fantasía

Finalizó la etapa de rodaje de "Yanka y el espíritu del volcán" en Caviahue. Su director, Iván Abello, y el productor Fernando Sirianni contaron sobre los desafíos de posicionarse como pioneros del género en el país.

Neuquén > Hay veces que una sola imagen puede ser reveladora. Algo de eso sucedió cuando, después de buscar incasablemente locación para su próxima película, al director neuquino Iván Abello le llegó la solución a través un noticiero.
Se encontraba en su casa de Buenos Aires y de pronto algo llamó su atención: era el volcán Copahue, que sorpresivamente había entrado en erupción. Y mientras los cronistas hablaban de posibles evacuaciones y del tamaño que había alcanzado la columna de humo, él sólo podía pensar en que ese era el lugar perfecto para llevar a cabo “Yanka y el espíritu del volcán”.
La decisión estaba tomada, solo quedaba planificar las sucesivas visitas al terreno. Meses después y con todo listo, a mediados de enero Abello llegó en caravana a la villa turística con un equipo de más 50 personas, que se instalaron durante 24 días para empezar a materializar su segundo largometraje.
 
Se graba

A medida que la tormenta iba quedando atrás en el camino, la ruta hacia Caviahue desplegaba sus verdes esplendorosos. El penúltimo día de rodaje se anunciaba como una buena jornada para el equipo de producción, que a lo largo de su estadía había tenido que enfrentarse a los vientos patágonicos, las lluvias y hasta a dos nevadas en pleno verano.
Apostados en una ladera, un grupo de técnicos era ocultado por enormes araucarias. Desde la calle de ingreso a la villa era imposible verlos, pero allí estaban, rodando una y otra vez una de las últimas escenas. A medida que nos acercábamos al lugar, una voz anunciaba: “silencio, se graba”. Mientras, dos actores vestidos de guardaparques decían sus líneas ante la mirada atenta del director, que metros más abajo supervisaba la escena desde una pantalla. 
Horas más tarde, camarógrafos, vestuarista, productores, maquilladora, actores y todo un séquito de personas se trasladaron hacia la ruta donde tenían que hacer la próxima escena: la camioneta de los protagonistas debía perderse entre un denso humo. A simple vista, parecía cosa sencilla. Sin embargo, el trayecto se repitió varias veces, hasta que la toma quedó exactamente como había sido ideada. 
A esa altura, uno de los productores contó que para terminar el día les quedaban cuatro o cinco escenas más, y que al día siguiente finalizaría su trabajo en Caviahue. 
“Si bien la experiencia fue absolutamente positiva, porque lo que rindió el lugar visualmente es algo muy importante, fue un esfuerzo muy grande para todo el equipo. Porque tenemos un porcentaje altísimo de escenas en exteriores y sabíamos que estábamos expuestos al factor climático. El viento, por momentos, era inmanejable”, contó Fernando Sirianni, CEO de Nomad, una de las más importantes compañías de efectos visuales del continente que, junto a Sudestada Cine, decidió apostar al proyecto Abello.
“Para nosotros venir a Caviahue fue un esfuerzo muy grande. Pero era necesario, porque la Mapu (tierra) era un personaje más de la película. Ya teníamos todo el casting, pero el protagónico estaba acá. Lo vinimos a buscar y nos dio todo lo que nos podía dar”, justificó el director que, tras una primera aproximación a la cosmovisión mapuche a través de su ópera prima “El país de las manzanas”, decidió retomar su mitología y leyendas para dar vida a una aventura fantástica.
 
Un legado
Con guión del propio Abello y de Julieta Ledesma, “Yanka y el espíritu del volcán” narra la historia de una adolescente, interpretada por Maite Lanata (actualmente en “Somos familia” de Telefe), que sale en busca de su madre, quien lleva tiempo desaparecida. A través de varios peumas (sueños) que le llegan desde el más allá, ella siente que es en el parque Copahue donde encontrará respuestas. Allí se internará en el bosque y, acompañada de Lihuén, un joven de descendencia mapuche al que da vida el caviahuense Ezequiel Volpe (toda una revelación, según el director y productores) deberán calmar al Pillán, el espíritu del volcán. 
A la hora de sopesar la dimensión del proyecto hay dos cuestiones. La primera tiene que ver con la riqueza temática de la historia, algo que para Abello era muy importante en cuanto a dejar un “legado para las nuevas generaciones sobre qué es ser mapuche, o por lo menos poner atrás de la identidad de cada uno un signo de pregunta. Saber que todos en algún lado tenemos un encuentro con un pueblo originario”.
La segunda tiene que ver con el género en el que se encuadra y con dar un salto sustancial en lo que a la industria del cine nacional se refiere.
Sirianni, que ha trabajado en grandes proyectos, entre ellos, quizás el más comercial,  “Corazón de León” (con Julieta Díaz y Guillermo Francella), explicó que “realmente es una película de aventura, para chicos, un género que no está abordado y desarrollado en Argentina. Particularmente, la mayor diferencia con otras películas independientes es el diseño que armamos de producción y el valor que le vamos a agregar a partir de los ‘visual effects’ (efectos visuales). Ese va a ser el gran punto diferenciador, y plantea por supuesto un desafío, el de ser pioneros en este género”.
 
Largo proceso
Sentados en el hall de un hotel y con el lago de fondo, ambos enfatizaron que el rodaje significa sólo el 50% del filme. El resto se terminará de definir en la etapa de post producción, momento en el que se ensambla el live action (acción real), con elementos generados por CGI (imágenes creadas por computadora), que se enmarcan dentro lo que se conoce como hiperrealismo.
Entre el combo de efectos habrá disminución de tamaño de algunos personajes, set extension (escenas filmadas sobre una pantalla a las que después se le agrega el fondo), intervención lumínica y la creación de un personaje animado en 3D: Pillán, el espíritu del volcán. Este personaje no tendrá cuerpo definido sino que se corporeizará a través del movimiento de las cenizas.
“Se calcula qué peso tendría que tener la ceniza, qué tipo de ceniza tendría que ser, qué tipo de viento tendría que haber, desde dónde tendría que incidir. Hay cálculos matemáticos y físicos para que todo sea verosímil”, explicó Abello, en un intento por dar dimensión real al largo proceso que deberá seguir este filme, que contó con recursos del INCAA, Presidencia de la Nación y financiamiento privado.
 
En marcha
La charla llega a su fin. Abello y Sirianni van camino a reunirse con el resto del equipo para continuar con el rodaje. Un motor home, dos camionetas y un camión aguardan a la vera de la ruta la llegada de los actores. Hugo Arana espera su turno, sentado en una silla, mientras dormita bajo una sombra. Maite se ríe a carcajadas y le enseña a Sirianni las canciones que inventaron en los tiempos “muertos” de la filmación.
El sol sigue pie y pega con la misma fuerza del mediodía. En el camino, una camioneta se pierde entre el densa bruma que provocan unas ramas aún verdes. La aventura ya está en marcha...

Gran elenco
Protagonizada por Maite Lanata, la actriz que cobró popularidad en “El elegido”, y Ezsequiel Volpe, el neuquino que es nueva promesa de la actuación, según el director, el filme cuenta con un elenco de renombre: Hugo Arana interpreta al abuelo de Yanka, Juan Palomino encarna a un enigmático personaje del bosque, la cantante mapuche Beatriz Pichimalén se pone en la piel de una machi (de autoridad religiosa, consejera y protectora del pueblo mapuche) y la neuquina  Aymará Rovera (“Nordeste”, “El décimo infierno” e “Industria Argentina”)  asume el rol de la madre de la protagonista. 
“Para mí fue un desafío grande dirigir actores como esos. Gente que admiro, tenerlos en el set y tener que marcarles algo… Fue genial porque encontramos un tono entre nosotros y siempre me fueron pidiendo más. Incluso hasta Hugo mismo me dijo 'no te quedes con ninguna duda si querés otra toma, la hacemos'. Y eso me dio facilidad, porque es gente con gran experiencia y, sin embargo, muy abierta a escuchar”, explicó Abello sobre el reparto. 

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