Según Turklet, hay una nueva generación que creció sin saber lo que es una conversación ininterrumpida. Para ellos, el no poder controlar la dirección que tomará la charla o la percepción que se llevarán sus interlocutores les genera una frustración tal que los hace preferir contactarse por otras vías y siempre con un dispositivo de por medio.
El problema no son las nuevas tecnologías en sí mismas, sino el uso que hacemos de ellas.
"Es momento de considerar cómo afecta a otras cosas que apreciamos", advierte la especialista.
¿Cuál es la solución entonces? Lejos de cualquier ejercicio complejo, su recomendación es volver a la palabra hablada, a la que define como una "cura" ante la digitalización de las interacciones sociales de estos tiempos: "Hay que volver a la conversación espontánea, donde podemos estar presentes y ser vulnerables".