Un centenar de atletas tomarán parte en la segunda edición de esta prueba, en la que deben subir uno a uno los 1665 escalones de uno de los monumentos más conocidos en el mundo, visitado cada año por siete millones de personas.
Temeridad
El tiempo a batir es de 7 minutos y 50 segundos. Un equipo de AFP ha podido subir la torre en condiciones similares a las de la carrera.
El trazado es de sobra conocido: una escalera de hierro cada vez más estrecha... y en esta ocasión sin turistas.
El atleta debe ascender tres pisos y un total de 279 metros (la antena de la torre está a 324 metros de altura).
En una carrera contrarreloj, la temeridad inicial va decreciendo a medida que se asciende la torre. En los primeros escalones, el atleta se siente ligero. Sube, salta, gira en un movimiento sin fin. Y comienza muy rápido.
El castigo empieza a notarse ya en el primer piso (57 m): los cuádriceps se entumecen, la barandilla se convierte en un precioso aliado y el corazón sube de pulsaciones a niveles insospechados. El aliento se va acortando al mismo tiempo que el viento sopla en todas las direcciones. Sin tregua. Los peldaños se acumulan, en una perfecta verticalidad, sin piedad.