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Cualquiera puede sufrir problemas de salud mental

Se estima que una de cada cuatro los padecerá: no hay que discriminar.

Tener un problema de salud mental no es una debilidad del carácter ni es culpa de la persona que lo padece. Ni tampoco es, necesariamente, una patología que impida tener una vida plena, un trabajo o una familia propia. Simplemente son personas que padecen una enfermedad más y hay que tratarlas con normalidad.

En España, la Confederación de Salud Mental realizó un taller con casi una decena de personas que tenían algún tipo de trastorno mental con el fin de, bajo sus experiencias, derribar las barreras que hay en torno a las personas que padecen estas enfermedades.

Hay tabúes, prejuicios y miedos por culpa del desconocimiento, y esto impide tratar con naturalidad a esas personas. “Una de las mayores dificultades para que la recuperación sea posible es la discriminación“, apunta el doctor Nel González, presidente de Salud Mental.

Las alteraciones más comunes son las emocionales, cognitivas y de comportamiento, que afectan a sus emociones, motivaciones, conductas, percepciones, aprendizaje o realidad. La dificultad de adaptación al entorno cultural y social en el que viven les crea un malestar que en algunos casos puede dar lugar a la discapacidad. Sin embargo, con la atención adecuada pueden mantener su autonomía y capacidades personales.

La causa no es una, sino que se trata de una combinación de factores genéticos, entorno social y experiencias. Y es fundamental tener claro que, pese a que hay gente con mayor predisposición genética, todos podemos sufrir algún tipo de trastorno mental.

De hecho, se estima que una de cada cuatro personas lo padecerá. En esto influyen desencadenantes como el abuso de sustancias farmacológicas, alcoholismo y drogadicción, estrés, situaciones imprevistas, malos hábitos nutricionales, expectativas culturales y sociales fuera del alcance natural, vida familiar disfuncional, exclusión social, padecimiento de abusos o bullying, o sufrir etiquetamiento.

Nel González garantiza que “está demostrado científicamente que las personas que padecen trastornos mentales no son agresivas”, al contrario, son menos violentas y generalmente son ellas quienes sufren más agresiones por parte de la sociedad. Los personajes con trastornos mentales en las películas generalmente son violentos y dan miedo, o en el periodismo se suele puntualizar “la enfermedad mental que sufre el agresor”.

Tabúes: Generar mitos alrededor de un problema mental sólo potencia las etiquetas.

Incluir: Tratarlos de igual a igual, con respeto y confianza, ayuda a su recuperación.

Todo ello da lugar a numerosos tabúes y falsas etiquetas sobre las personas con trastornos mentales: que son más creativas (es falso, porque eso va en la individualidad de cada persona, sin influir si tiene o no un problema de salud mental); que están obligados a tomar fármacos e ir al psiquiatra (si bien depende del caso, hay personas que se recuperan perfectamente y sin la necesidad de apelar a un tratamiento farmacológico); que en algún momento de su vida tomaron muchas drogas (mentira, es una etiqueta sin sentido: todos podemos sufrir un trastorno mental y jamás haber probado droga alguna); que deben permanecer internados (tampoco es cierto); o que intelectualmente son disminuidos (otro mito: son personas normales, con estudios superiores o medios y capaces de trabajar, aunque muchas veces son prejuzgados y discriminados).

La conclusión es que pequeños gestos, como tratarlos con respeto, igualdad y confianza, mejoran la calidad de vida de las personas con problemas de salud mental y, por sobre todo, ayudan a eliminar los estigmas que sobre ellos existen.

Las personas con trastornos mentales no son agresivas: ellas sufren agresiones sociales”. Nel González. Presidente de Salud Mental de España

Algunos tips para interactuar

Evitar el paternalismo y la lástima, escucharlos de forma activa, dedicarles tiempo a sus necesidades, respetar su intimidad, no hacerles preguntas invasivas o morbosas, antes de tomar una iniciativa indagarlos sobre cómo se los puede ayudar, apoyarlos y respetar su capacidad de decidir, no ser autoritario ni minimizar sus sensaciones y evitar frases como “animate” porque pueden provocar el efecto contrario.

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