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Paula Bistagnino
Especial
Lizy Tagliani no para. Además de estar grabando la próxima tira de Pol-Ka en la que por primera vez hará ficción, es la estrella de la temporada marplatense con su obra Liberate, en la que repasa su vida, hace reír y emociona mucho. De jueves a domingos, viaja a Buenos Aires, el público la ovaciona de pie. Y ahora, con los primeros números de las boleterías, se sabe que encabeza la taquilla, incluso por encima de otras puestas que tienen más días.
“Lo vivo con mucha felicidad. Estoy muy contenta. Mucha sorpresa también porque no me lo imaginaba realmente. Además de que corro con dos días de desventaja, porque estoy dos días menos… Igual, hay factores que ayudaron, porque justo no estuvo Casa Valentina”, cuenta, intentando moderar el exitismo, y dice que son números que la ponen contenta, pero no es a lo que le presta atención ni por lo que lucha.
-¿Qué devolución recibís de la gente?
La cantidad de cosas lindas que me dicen. Todas las funciones terminan con el público de pie, aplaudiendo. Y, para mí, no hay mejor devolución que esa.
¿Qué sentís en ese momento de la ovación?
En ese momento lo disfruto, claro, pero sin pensarlo. A diferencia de muchos, no tengo nada de nervios antes de empezar ni mientras estoy arriba del escenario. No tengo la presión de nada: en estos días viene Mirta Legrand a verme y no me importa. Digo: ‘sí, genial’, pero no lo pienso ni me genera un estrés aparte.
-Como si hubieras nacido para estar ahí…
Algo así, como si fuera lo mío, lo que tengo que hacer, lo que me sale naturalmente. Pero eso no significa que no sea un trabajo enorme. Y esa ficha me cae en otro momento. Cuando estoy en casa, sola, después de la función, me siento completamente agotada, bien, pero muy agotada. Son dos horas en que me quedo así, mirando el techo, como un ente. Y es en ese momento en el que me pongo a pensar en eso.
¿Y en qué pensás?
Me pongo a pensar en dónde estaba hace diez o quince años, en cómo era en el 87 o ahora. Y pienso en cuánta de toda esa gente que está ahí parada de pie, una o la mitad, quizá en otro momento tenía prejuicios de mí y ahora me aplaude. Y eso es fuerte.
-¿Sos consciente de que de alguna manera sos una referente?
No, y no quiero serlo. No lo busco. Desde que a los 13 años me hice cargo de quien era. Porque esto no es una elección sexual, esto es lo que uno es. No elegí, yo soy. Si hubiera podido elegir, hubiera elegido una más fácil. No hago docencia, yo vivo mi vida.
En Showmatch hiciste declaraciones hablando de derechos, de prejuicios, de discriminación…
Lo único que quiero es la felicidad de todos, pero no estoy detrás de una lucha política. Si la felicidad de alguien depende de que diga algo, lo voy a hacer. Si sirve, bienvenido sea. Pero sin ninguna ley, soy quien soy y lo hubiera sido en cualquier lugar del mundo, aunque viviera cinco horas.
¿Fue muy difícil?
Tuve unos padres maravillosos. Un padre –que no era el biológico- que cuando me vio vestida de mujer en la calle a los 13 años con ropa prestada me subió al auto y me dijo que la ropa me la compraba él. Eso no le pasa a la mayoría. Pero igual me discriminaron, igual tuve que luchar. Pero nunca dudé de que iba a ser quien era y no podía ser otra cosa. Porque la identidad de género no se elige, se vive. ¿Quién en su sano juicio elegiría tener tantas dificultades en la vida? ¿Quién elegiría saber que no le van a dar un trabajo, que no va a poder andar por la calle tranquila, que la van a querer cagar a palos muchas veces? ¿Quién? Soy una travesti y lo habría sido aunque hubiera nacido en Irak y durara veinte minutos viva. Por eso, muchas veces cuando pienso que hoy lleno teatros, siento que estoy soñando.
¿Imaginabas este momento?
Siempre me sentí una ganadora y fui una persona feliz siendo peluquera, que es lo que soy también. Y no me imaginaba esto. Pero por algo llegué hasta acá y me encanta. Es muy gratificante ver todo lo que hice, lo que conseguí con esfuerzo y trabajo. Y eso vale para todos los oficios, para lo que uno haga. La diferencia es que este es un trabajo en el que el cariño que uno recibe es inmenso, en el que te aplauden, firmás autógrafos, te sacan fotos. Pero tengo el mismo amor a todo lo que hice en mi vida.
-Tus padres fallecieron. ¿Te hubiese gustado que pudieran estar en la platea?
Ellos confiaron siempre en mí y se enorgullecieron de mí y de mi vida. Aunque no me hayan podido ver famosa, bailando, triunfando en el teatro. Ellos me hicieron quien soy, y yo soy la misma arriba o abajo del escenario. Y de esa Lizy es de la que ellos se enorgullecieron siempre.