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Por Paula Bistagnino - Especial
Mucho antes de Midachi, a principios de los 70, allá en su Santa Fe natal, el joven Dady Brieva quiso ser médico. Pero no pudo ir a Rosario a estudiar y entonces terminó estudiando abogacía, que era lo que podía. Luego llegó el humor, el éxito absoluto en los 90, la TV, la actuación. Y ahora le toca ponerse en la piel de un médico: uno bastante oscuro, casi perverso, que controla una camioneta blindada en la que se queda atrapado un ladrón interpretado por Peter Lanzani en 4x4, la nueva película de Mariano Kohn y Gastón Duprat. Y le encanta. “Me gustan estos personajes de esos tipos hijos de puta, porque está lleno por todos lados, son mucho más reales de lo que creemos”.
¿Qué tomaste para armar este personaje?
La construcción del personaje fue de mucho ensayo, de mucho hablar, de mucho meterme. Tengo un circuito de médicos amigos, todos ginecólogos, algunos fallecieron el año pasado, y me nutrí mucho de ellos. Sé muchas historias porque además porque me gusta ese mundo. Después está el cinismo y la perversión de esos tipos que todos conocemos.
Como el de El ciudadano ilustre, de los mismos directores. ¿Hay una línea ahí?
Sí, porque está la mirada ahí de estos directores, que me parece muy interesante, que enfocan en personajes de tipos comunes y normales, pero que de repente… Porque está esto que los que somos del interior sabemos que es así y estamos acostumbrados a esos tipos que son unos hijos de puta. Hay de todo, por supuesto, pero hablo del juez o el patrón de estancia ese que maneja todo, que se agarran pibes o violan pibas, pero que no pasa nada. Ni en Salta, ni en Jujuy ni en Santa Fe. Esos personajes que hasta son más importantes que el intendente o el gobernador. Que no aparecen en el organigrama pero que la manejan. Poder ahondar en esas almas es interesante.
¿Hasta qué punto tuviste libertad para crear o seguiste las indicaciones del director?
Las indicaciones las seguí todas porque soy re orgánico, de toda la vida. Pero además, cuando dirijo, dirijo. Y cuando me toca ser soldado, soy soldado. Igual siempre tiro todo, pateo todas las pelotas a ver cuál es la que le gusta al director y a la que le gusta le doy. En ese sentido tengo para tirar algunos matices. Él sobre todo me pidió mucha contención porque quizá en mi forma de actuar soy medio animal. Así que me pidió un poco más neutro para ir manejando el in crescendo del personaje. Yo tiro, tiro, tiro 100 y bueno, después él agarra la que le gusta. Pero además tengo mucha confianza en él y eso me permite no andar resistiéndome. Porque uno va a actuar y cree que la película es de uno. Y no.
El film pone el foco en un tema muy complejo, en especial para los argentinos, que es la violencia. ¿Cómo creés que el público puede llegar a reaccionar?
Ojalá que el público se ponga de tantos lados como tantas voces aparecen. A mí me gusta que no tenga una uniformidad. Me parece que no es una película que trata el tema de la inseguridad solamente. Me parece que trata mil cosas con dos personajes que son muy especiales, que están fuera del sistema, tanto uno como el otro. Son dos personajes que no son dos pobres tipos. Son dos hijos de puta. Eso es lo que tiene de lindo la película y también el debate. Pensar que la vida es un zócalo de un noticiero de cable, me parece que es poco comprometido de nuestra parte como ciudadanos. Me parece que esto es mucho más profundo, que el que roba, el que pega el tiro, estamos todos insertos en un mismo lodo. Algunos respirando un poquito mejor, pero la pasamos todos mal. Me parece que son dos caras de la misma moneda.
¿Vos de qué lado te ponés?
Como el dolor no tiene lógica, te puede poner en varios lugares a la vez. La gente últimamente reacciona de manera radical: ante un hecho con diez mil matices, se te plantea garantismo o mano dura, y no es tan así, hay muchos matices que se tienen que ver cuando pasan estas cosas. Sino pasas de fumar a matar al que fuma. Esos péndulos que tenemos como sociedad son los que hay que rever.
Venís haciendo humor con Midachi y de repente te vas al otro extremo para hacer a un personaje así. ¿De dónde sacás eso para que el tipo oscuro sea verosímil?
Mirá, ¿sabés lo que tiene? Y esto tira por debajo las expectativas del común de la gente con respecto a los humoristas. Creo que por más pequeñito que sea el gesto dramático del humorista, se potencia mucho más, porque para la gente está el humorista. No sé si es tanto lo que hacemos o es más lo que significa para algente que un humorista lo haga. Yo no soy Julio Chávez actuando.
¿Qué cosas personalmente te motivan espiritual o intelectualmente?
Estoy muy compenetrado con las distintas cosas que me va dando la vida. A veces me acerco más a la meditación, al yoga tibetano, pero también soy un católico ferviente, y peroncho. Y miro cine. Mi mujer me ha metido mucho en la coreografía y la expresión artística del cuerpo. Y gracias a eso empecé a tener otra mirada. Por eso incursioné en el tango, voy y participo de espectáculos de tango. Creo que pasar por distintas expresiones te hace mejor persona, porque es como que te vas sacando capitas de cebolla y mostrando más quién sos. Y me parece un aporte a este encierro del mundo en este momento. El arte lo mejor que ha hecho conmigo es eso, exponerme.
¿Te quedaste con ganas de ser médico?
No, no, yo soy actor, no me quedó la espina, pero tengo facilidad y me gusta mucho, así que leo y sé bastante, me la paso indagando. Me fascina saber qué me pasa en el cuerpo.
¿Qué ves cuando te mirás al espejo?
No me miro nada en el espejo. No sé si por animal, por básico, yo no intelectualizo mucho. Miro si tengo un pelito en la nariz o me tengo que teñir las cejas. Me molesta un poco la papada que tengo… Pero básicamente estoy conforme con lo que veo, con quien soy y con lo que hice: volverme a enamorar, tener hijos chico, ser abuelo. Me siento un privilegiado. Es todo agradecimiento lo mío.