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Por Sofía Sandoval
Los avances tecnológicos torcieron el ritmo de muchos aspectos de la vida cotidiana y, en el mundo laboral, lograron provocar un profundo cambio, con la llegada de nuevas formas de trabajar y relacionarse con otros. Desde Sarmiento 802 de Neuquén, un club de emprendedores se esfuerza por imponer el coworking como la nueva forma de trabajar en grupo para potenciar los negocios.
El club depende del Centro Pyme Adeneu y cuenta con un espacio físico de 100 metros cuadrados, que surgió a partir de la remodelación de un antiguo galpón que había detrás de las oficinas.
Ahora se convirtió en un ámbito luminoso y de colores alegres, abierto, con artefactos de climatización, equipamiento y conexión a internet, que busca convertirse en la oficina temporal de los emprendedores que recién inician sus proyectos de negocio.
Lucila Marquisio, referente del club, aclaró que el espacio cuenta también con un pequeño living para generar encuentros y recibir a potenciales clientes, así como un salón para 50 personas donde se desarrollan distintos tipos de capacitaciones, otra de las claves que apunta a darle más oportunidades a quienes comienzan a dar sus primeros pasos con un proyecto propio.
Entre sus tres actividades, el club recibe cada semana a 50 personas, que lo utilizan sobre todo como escenario para desarrollar grupos de trabajo.
“Distintos organismos, empresas incipientes y hasta grupos de alumnos universitarios usan el espacio como punto de encuentro”, detalló Marquisio.
Para la funcionaria, no es lo mismo trabajar desde el hogar o en la casa de un amigo que desde un ámbito diseñado para despertar el ritmo de trabajo y la creatividad. Sin embargo, reconoció que hay muchos a quienes aún les cuesta adaptarse a este espacio abierto.
Marquisio aseguró que el Centro Pyme trabaja en la difusión, para que los neuquinos incorporen el concepto de coworking o trabajo colaborativo.
“A muchos les parece raro trabajar al lado de un desconocido que tiene un proyecto muy diferente”, admitió, pero aclaró que esos mismos extraños pueden ser los futuros clientes, proveedores o aliados estratégicos de un emprendimiento particular.
“Nuestro objetivo es fortalecer el ecosistema emprendedor de la ciudad”, remarcó la funcionaria y agregó que de estos intercambios surgen nuevas oportunidades de comercio y capacitación para potenciar los negocios. Tejer redes con otras personas que tienen la misma iniciativa y entusiasmo puede ser muy provechoso para los que se animan a crear un negocio nuevo.
El club fue financiado por el Ministerio de Producción de la Nación, que ya creó otros 13 espacios similares en distintos puntos del país y que acompaña estos centros con otros programas de capacitación y asesoramiento para favorecer a los que emprenden.
Desde el Centro Pyme insistieron en la premisa de puertas abiertas que marca la metodología del club. “El espacio está disponible para cualquier persona que necesite trabajar de lunes a viernes, de 8 a 16”, recordó Marquisio.
Todas las semanas El club les abre las puertas a unas 50 personas.
El trabajo en grupo permite potenciar el negocio inicial de cada uno.
Un estimulante primer proyecto
Los coordinadores del Club de Emprendedores pretenden que el espacio no sea considerado únicamente una oficina. Por eso, se convirtieron en escenario de un programa de innovación tecnológica de Motorola, que llega como un desafío para la región. El club recibió el primer smartphone del país con tecnología Motomods, que permite el desarrollo de proyectos modulares compatibles con el celular. El espacio convocó a estudiantes y desarrolladores interesados en diseñar proyectos de software y hardware que potencien esta tecnología.
El secreto del éxito puede estar en compartir experiencias
El verdadero objetivo del club, que se esconde detrás de un espacio moderno con acceso a internet, es generar una sinergia positiva y fortalecer el llamado ecosistema emprendedor de la región.
Lo que parecen apenas unas palabras vacías ganan toda su dimensión cuando una decena de emprendedores desconocidos se reúnen en el club.
Ante las preguntas de LM Neuquén, comienzan a hablar sobre sus negocios en marcha y, de forma inevitable, se sugieren ideas y piensan proyectos de colaboración conjunta.
Sebastián Hernández Cano y Andra Rojas son desarrolladores informáticos que utilizan el club para encontrarse con otros emprendedores de la zona que trabajan en temas vinculados a la tecnología.
En seguida, se ofrecen para dar una asesoría sobre sitios web y aplicaciones que pueden ser útiles para el grupo de Mujeres que Emprenden, que busca darles contención a las mujeres con ideas o negocios en funcionamiento.
Martín Vouillat y Cintia Mac producen huevos orgánicos en una chacra de Cinco Saltos y aprovechan el encuentro para concretar con la pastelera Vanesa Díaz la posibilidad de aprender nuevas recetas para utilizar su producción. Con sólo reunirlos, el círculo virtuoso de productividad parece empezar a rodar y dar sus réditos.
El espacio es una forma de enriquecer las miradas y abrirse a nuevas posibilidades con la interacción.
De todo: Los diferentes rubros que conviven en el espacio se nutren compartiendo sus ideas.