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Paula bistagnino
Especial
Lo primero que llama la atención de Dalia Gutmann es el tamaño y la perfección de su sonrisa. Y menos mal, porque su caso es de los que abonan la teoría contraria al mito de los humoristas malhumorados: ella atiende el teléfono, responde las preguntas y anda por la vida “poniéndole onda, buena, onda, sin caretearla”. Así lo dice la humorista, pionera del stand up, conductora, actriz, madre y, como le gusta definirse, “minita”.
Sin caer en los estereotipos de género, combatiendo prejuicios y mandatos de todas las clases, lo suyo es hacer reír. Y lo logra. Tan atravesada está por el humor que su marido y padre de sus dos hijos es otro famoso humorista y estandapero, Sebastián Wainraich, con quien está desde hace 15 años. “Está buenísimo compartir la vocación con la pareja, porque a mí me encanta lo que hago, pero realmente me encanta. Entonces eso te atraviesa la vida, y no puede vivir separando entre el trabajo y la vida. Además, cuando quiero chequear un monólogo, lo siento a Seba ahí y empiezo”, cuenta.
Recuerda a su vez que, si bien se divierten muchos juntos, como en toda pareja a veces salta una ficha “por una boludez” y explota todo. La última que recuerda fue una pelea por los gustos de helado: él había sido el encargado de comprarlo y no eligió ni uno de los que a ella le gustan. “Y me calenté en serio: ¿cómo puede ser que en 15 años juntos no sepa qué gustos me gustan?”, se ríe ahora, superada la tormenta.
¿La pareja es un tema central para el humor?
Y sí, la pareja y la maternidad son los temas. Bueno, en verdad son los míos, porque es lo que yo vivo. Yo hago humor conmigo sobre todo. Me río de mí misma, con mi vida, con lo que me pasa. Y tengo hijos y estoy en pareja, así que eso es mi cotidiano. Pero ahora que mis hijos están más grandes, es distinto. La maternidad reciente y sobre todo cuando sos primeriza es la etapa más divertida.
-Y ahora, llegando a los 40, ¿cuál es el tema?
Eso, llegar a los 40… Hoy tiene mucho que ver con eso. Porque si bien yo estoy contenta con lo que construí y no me cuesta aceptar el paso del tiempo, sí observo que muchas mujeres de mi edad están desesperadas tratando de darle batalla a la edad.
¿Es una batalla perdida?
Depende de cómo la encares, pero sí… Me dan ganas de decirles: “Chicas, ¡basta! Relájense un poco”. La verdad es que, por suerte, a mí no me pasa. No es que no me preocupe por la estética o no me importe, pero lo que veo a mi alrededor es esta idea de la juventud como tesoro. Yo acepto mi edad.
¿Se te exige menos por ser humorista?
Sí, en eso elegí bien. Porque ser humorista, dedicarme al humor, me salvó de la exigencia de ser linda, de estar buena. Importa más, o alcanza, con que sea graciosa. Y eso me ayuda a llevarlo bien quizá.
¿Qué ves en las mujeres que encaran esta batalla? ¿Y en los hombres?
Yo creo que el paso del tiempo nos pega a todos. El tema es cómo y para dónde. Y veo que mientras que a los tipos les pinta estar con una mujer más joven, si pueden con una pendeja, a las mujeres les pinta correr la carrera antiedad: el espejo es su batalla. Y creo que eso es tremendo a veces, porque si concentrás ahí todas las energías… Además, es lo que decías: estás perdida. Y yo, la verdad, no le veo mucho sentido.
¿Te sirvió como terapia hacer stand up y trabajar con humor sobre vos?
Sí, a mí en lo personal me sirvió mucho, porque pude llevar muchas cosas al escenario y eso me ayudó a pasarla mejor en la vida. Hay psicoanalistas e incluso psiquiatras que lo recomiendan como terapia, pero yo no tengo una postura al respecto. Yo soy de sufrir, aunque no parezca, y entonces convertir el dolor o el sufrimiento en algo gracioso, de alguna manera, a mí me funciona. No me evita sufrir. Sufro igual, pero después lo saco por ahí.
¿Sos de las humoristas que andan por la vida haciendo chistes todo el tiempo? No me quiero imaginar una cena familiar…
Sí, soy un poco así. Pero porque es esto que te digo: yo hago humor conmigo, con mi vida, con lo que me pasa, y atravieso un poco todo convirtiéndolo en un sketch. Y haciendo chistes. Y sí, tengo como un humor paralelo a la realidad y la capacidad de transformarlo todo en comedia. Hasta lo más dramático.
¿Sin límites?
Sí, sin límites. Yo creo que se pueden hacer chistes con todo los temas, absolutamente todos, siempre que sea con uno mismo. Mi límite es meterme con los demás, aunque a veces estando en la tele todos los días había como una obligación de opinar sobre distintas personas, y ser graciosa, y un poco, al aire, improvisando, me he reído de otros. Pero no me gusta e intento no hacerlo. En cambio conmigo no tengo ni un límite. Incluso creo que uno puede bromear hasta con una enfermedad si es propia. Es una manera de procesarla y atravesarla. Porque, además, no es que por tomarla seriamente te vayas a curar.
-Estuviste en Loco x vos actuando con tu marido, Sebastián, haciendo de ustedes. ¿Te dio ganas de actuar en una ficción?
Sí, me encantaría hacer una sitcom o alguna comedia más tradicional.