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Pablo Montanaro
montanarop@lmneuquen.com.ar
Neuquén.- “Éramos los guerrilleros, no nos daban trabajo. Con una mano adelante y otra atrás y con 8 hijos dejamos Cutral Co y nos fuimos a Cipolletti. No volvimos más”, explicó Elba Esperón sobre la difícil situación que atravesó junto a su marido, Alipio Quijada, quien había sido secuestrado de su casa en 1977 por el Ejército.
La mujer de 78 años declaró ayer ante los jueces del Tribunal Oral Federal 1 en el quinto juicio que se realiza en esta ciudad contra siete ex jefes militares y de la Policía de Neuquén y de Río Negro y agentes de Inteligencia acusados por delitos de lesa humanidad.
Sin poder precisar la fecha del secuestro de su marido (ya fallecido), Esperón contó que ese día “entraron militares del Ejército a mi casa, despertaron a mis hijos, revolvieron todo y se lo llevaron”.
Quijada, quien en el momento de su secuestro era trabajador no docente de la Universidad Nacional del Comahue, fue trasladado a la U9 de Neuquén, de donde fue liberado tres meses después, previo paso por la Comisaría 14ª de Cutral Co.
“Cuando fui a preguntar, el comisario me dijo que se lo habían llevado a la U9. La comisaría estaba llena de gente que habían sacado de todos lados”, comentó la mujer en relación con los operativos de secuestros que tuvieron lugar en la Comarca durante septiembre de 1977.
Recordó que tras quedar en libertad, Quijada le contó que fue sometido a interrogatorios mientras estaba con los ojos cubiertos y que le preguntaban por su sobrino, Oscar Hodola, que ya había desaparecido en mayo de ese año en Buenos Aires. “También me contó que durante el viaje de la comisaría de Cutral Co a la U9 le pegaron todo el tiempo”, agregó.
“Lo echaron como a un perro”, aseguró la mujer sobre la imposibilidad de su marido de volver a trabajar en la universidad. “La gente decía ‘ahí están los guerrilleros’. Por eso tuvimos que dejar nuestra casa de Cutral Co y nos fuimos a vivir a Cipolletti sin poder llevarnos nada, dejamos todo allí y nunca más volvimos”, explicó.
Elba dijo que recién en 2012 decidió denunciar a la Justicia el secuestro de su marido “para que no quede impune, que se sepa que estuvimos también”.
También declaró el ex policía Miguel Balmaceda, quien en 1976 prestó servicios en la comisaría de Plaza Huincul que, según el testigo, fue “intervenida” por el Ejército.