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Raúl, en 1986, dio el sí. Se casó en una iglesia católica con su actual esposa en la ciudad de Neuquén y prometió amor para toda la vida. Nunca imaginó que 36 años después de sellarlo, el vínculo continuaría, pero su nombre cambiaría a Sheij Abdul Rauf Felpete y sería el representante de la mezquita más austral del mundo.
En una entrevista con LMN, Sheij Abdul no sólo derribó mitos, prejuicios y miedos sobre el Islam, sino que describió un nuevo modo de vida “imprensado” para lo que había sido su día a día en el centro neuquino. “Mirá, en los 80, al escritor Jorge Luis Borges lo entrevistaron en París. Él había dicho en 1953 que los franceses no tenían cultura y el periodista le repreguntó si 'seguía pensando lo mismo'. Ante eso, Borges respondió qué pasó mucho y que ese 'era otro Borges'. Mi caso es similar”, explicó al dejar claro que hoy es otra persona.
No solo cambió su nombre, su religión y su estilo de vida, sino que también su lugar de residencia. El amor de su compañera sigue en pie tras 35 años y ambos ingresaron al islam e hicieron de su charca en Mallín Ahogado el centro de culto a Alá más al sur de todo el plantea.
Para poder dimensionar la vida y obra de este hombre, “hace falta poner en contexto”. Nació en pleno centro de la Ciudad de Buenos Aires y en 1980 llegó al Alto Valle. Primero a Roca, luego vivió algunos meses en el exterior, para llegar a Neuquén en 1985. Se crió en un ambiente católico y un año después de llegar a la capital de nuestra provincia, se casó.
Era profesor de yoga en una ciudad “mucho más pequeña”. Vivía sobre la calle Fotheringam, entre Manuel Belgrano y Elordi, y tenía una chacra productiva a las afueras de la ciudad. Cada día que se despertaba la ciudad crecía y la sensación de encierro que le producía lo terminó “cansando”.
“Todos los días que pasaban, Neuquén avanzaba sobre mí. Así que vendimos todo y en el 89 compramos una chacra en la cordillera, en un área rural en Mallín Ahogado, que es un pueblo cerca de El Bolsón. En aquel momento, era la nada mismo”, apuntó.
Entre las despedidas neuquinas, previo al cambio de vida, uno de sus alumnos le regaló un libro y le dijo: “Allá en invierno hace mucho frío. Así que tomá, leelo y que te acompañe”. Era el último diciembre de la década del 80 y Sheij Abdul continúa recordándolo: “Era el corán. Un libro sagrado, que cuando lo terminé quedé impresionado”.
El interés sobre el islám continuó, pero aún “no había ingresado”. Un año después, en diciembre de 1990, una visita le terminó de desechar los miedos y las inseguridades. Lo fue a visitar a Mallín del Ahogado un amigo a su chacra, que era médico y había ido con uno de sus pacientes. Este último era musulmán y terminó siendo su maestro durante 30 años hasta que falleció. “¿Viste? El islám entró a mi casa. Tenía dudas y me ayudó a entender un montón de cosas”, aseguró.
La pasión, la curiosidad y la fe, lo llevó a conocer varios países del mundo. Siguió a su maestro por Estambul, Chipre y conoció realidades y comprendió todas y cada uno de los mensajes.
“La orden por la que conocí esta religión y por la que soy el representante en América Latina es la Sufismo Naqshbandi. Es una vertiente del islam que es contemplativa sin acción política. Nosotros tenemos un dicho: en el mundo más no del mundo. Es decir, hacemos un trabajo de encuentro y reencuentro con el señor tratando de mejorar la condición humana a la vez de que estamos insertos en el mundo”, explicó.
Una vez que comenzó a profesar el islam, Sheij Abdu hizo de su casa un templo. En donde vivía, la mezquita más cercana estaba a cientos de kilómetros y, si bien se puede rezar en muchos lados, él no dudó: “Con un hermano la empezamos a construir. Con nuestras manos. Comenzó siendo un lugar de culto, más vinculado a un monasterio en donde las personas podían venir a orar con tranquilidad y hace un par de años se convirtió formalmente en una mezquita”.
Actualmente tienen espacio para unas 300 personas y todos los viernes hacen el ritual, “que sería la misa de los domingos para los católicos”, se hacen los cinco llamamientos diarios y durante el año se usa como complejo vinculado a la religión. Tienen una casa para hombres, otra para mujeres, en donde “todas las personas pueden venir a orar”.
“Es más, los distintos organismos de acción social, tanto provincial como municipal, en distintas situación que necesitaron alojar, lo hicieron. Lo que todos deben tener en claro es que este es un lugar religioso: no hay drogas, ni alcohol, ni hay violencia. Lo cual no es fácil de mantener en esta época”, explicó.
Desde el 2005, tienen un cementerio islámico que es el octavo dentro de la Argentina. “Lo que hay que dejar en claro es que esto no es una comunidad. Esto es un lugar privado que da asistencia espiritual y psicológica a quien necesite, y está abierto a todo el pueblo”, aseguró.
Sheij Abdu es el creador de este centro de culto, hace 17 años es el máximo representante de la orden Sufismo Naqshbandi en el país y hace una década es el representante en toda Latinoamérica. Además, tiene una familia con la que vive dentro de la chacra, en la que producen muchos de sus alimentos: “Somos productores de carne halal, que es la carne que comemos los musulmanes. Comemos todos tipos de carne, menos la de los cerdos y nuestra forma de matar a los animales es distinta. Por su parte, hay hermanos que producen pollos, otros conejos, otros pavos y tenemos huertas con viveros”.
Alrededor de esta chacra, que contempla la casa de Sheij Abdu, la residencia para hombres y mujeres, la mezquita y el cementerio, viven otras 23 familias. Ellos también tienen huerta y vivero, y la principal comida la producen desde la tierra. El resto, la adquieren en un almacén a algunos minutos y no en la ciudad.
Si bien aseguró ser otro hombre, entre el Raúl neuquino y el Sheij Abdu referente del islam los une la naturaleza. Hoy reside en un lugar que siempre anheló, entre la cordillera y los bosques. Está lejos del cemento que lo empujó a conocer esta religión tan discriminada en gran parte del mundo. “Acá en la Patagonia y en toda la Argentina no se nos discrimina. Por ahí en la Ciudad de Buenos Aires alguien te grita algo, pero nada más. Lo que sí hay es un poco de desinformación”, aseguró.
Sheij Abdu había declarado en 2004 que los talibanes y Bin Laden “son una enfermedad para la religión musulmana”. Quince año después y tras las consecuencias que generaron, él lo sostiene: “Sigo pensando lo mismo, salvo que ahora son más grandes y más importantes por la cantidad de dinero y entrenamiento que puso Estados Unidos para que se desarrollaron y crecieron. Entonces, de ser un grupo minúsculo e insignificante que tenía un poder de fuego, hoy son otra cosa”.
Además, planteó que son “una enfermedad grave” porque continúan alimentando la violencia. “Es impresionante, todos los días crece la violencia. Pero es lógico porque estamos transitando la época de fuego. Lo único que queda es dedicarnos a nuestro señor y nada más”, aseguró.
La orden Sufi -el diminutivo de Sufismo Naqshbandi- se basa en el trabajo interior. En el trabajo individual y espiritual. “No creemos que haya una salida colectiva a toda esta violencia. Si cada uno de forma individual hace el cambio, puede ayudar a cambiar a su familia y ayudar a cambiar a sus vecinos. Por eso trabajamos en las propuestas individuales y que cada uno haga su trabajo y vencer así el ego que crea el 90% de los problemas", explicó.
Para Sheij Abdu la grieta, “que tanto plantean que existe en el país”, pasa “en el mundo entero”. “Estamos en la famosa era de Satanás. Así que no hay muchas salidas, más que meterse dentro de uno”, planteó.
Desde su chacra en Mallín Ahogado, Sheij Abdul Rauf Felpete encontró su lugar. Creó un espacio de oración en la mezquita más austral del mundo en la que unas 80 personas se acercan semanalmente a escucharlo orar. “Gracias a dios tengo una esposa magnifica y siempre me siguió en las decisiones. Entró conmigo al islam y en seguida amamos a nuestro maestro. Llevamos 35 años de casados y nunca tuvimos ningún problema ni lo hay hoy 35 años después. Todo gracias a dios”, concluyó este argentino que moviliza a miles de fieles.